Los goles a los derechos humanos

Jamás se debieron imaginar los primeros practicantes del fútbol que ese juego de entretención, se convertiría con los años, en una de  las más grandes empresas del mundo, con un poder tan descomunal que muchos gobiernos inclinan su cerviz para recibir la sede de un campeonato mundial, con todas las implicaciones de carácter económico y social que conlleva esta especie de lotería.
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Ya lo dijo Eduardo Galeano “La FIFA es el FMI del fútbol” y reafirmó que es “la más misteriosa monarquía del planeta”. Esta caracterización queda demostrada en el Campeonato Mundial actual que descaradamente muestra haberse dejado permear por la plata de la familia del emir Tamin Hamed el Thani de 42 años, para dar una imagen mentirosa de este país de las opulencias. 

Cuando uno mira la fastuosidad de los estadios de Qatar, inicialmente piensa en los milagros de su ingeniería, pero cuando lee información como la recientemente publicada por el diario británico “The Guardian”, se niega uno a creer que pueda existir tanta maldad en la dirigencia de ese pequeño país, convertido en el cuarto más rico del mundo.

Se habla de que unos seis mil quinientos migrantes del sur de Asia murieron en la construcción de dichos estadios y muchos más fueron sometidos a trabajos peligrosos, bajos salarios, un calor infernal y algunos hechos prisioneros y expulsados sin habérseles cancelados sus salarios y prestaciones. La esclavitud en pleno Siglo XXI, con la complicidad de la dirigencia de la FIFA.

El señor Gianni Infantino, presidente de esta entidad, en un discurso pronunciado hace unos días tomó partido abiertamente por la actitud de las autoridades de Qatar y su postura recibió el rechazo del mundo entero, pues cínicamente negó las discriminaciones de la mujer y a los integrantes de la comunidad LGBTIQ, y dijo que el país les da la bienvenida a los turistas y los trata bien, aunque es una sociedad conservadora. Pero, la realidad es otra.

Cuando Alemania pretendió poner la bandera multicolor en el distintivo de capitán de su equipo fue amenizada por la misma FIFA de imponerle una multa.

El fútbol, otrora un gran espectáculo, ha sido despojado de su condición de entretenimiento y convertido en un negocio desaforado, donde las sumas de los pases de jugadores, los derechos de las transmisiones de los partidos, la publicidad y las cantidades astronómicas que se manejan con las apuestas han desnaturalizado una grata experiencia para la vista y todo bajo la batuta nefasta de quien se creó para promover una práctica sana.

Este mundial pasará a la historia, antes que, por las gambetas de los jugadores, las precisiones de sus entregas y las piruetas de los atletas, por la denuncia permanente para impedir que se sigan marcándole goles a los Derechos Humanos.  

 

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LIBARDO VARGAS CELEMIN

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