Cámara de Comercio

Yo no tengo calidad de afiliado en la Cámara de Comercio de Ibagué y no puedo votar en sus elecciones ni aspirar a ser miembro de su Junta Directiva. Pero eso no impide que me preocupe por los espectáculos periódicos de peleas de parroquia que se conocen entre sus miembros de junta y entre estos y sus directivos ejecutivos. ¿Qué tiene la Cámara, para que sea tan apetecible pertenecer a su Junta? ¿Por qué es que se gastan millones de pesos en las campañas para las elecciones? ¿Cómo es que un seudo-“capo” ofrece dineros por recibir delaciones? ¿Por qué dice el Presidente Ejecutivo, de algunos miembros de junta, que “Su único objetivo parece ser disfrutar de pequeñas prebendas que les da su calidad de miembros del organismo colegiado…?” ¿Cuál es el negocio de ser miembro de esa junta?

Quienes elijan nueva junta, deberán escoger a aquellos que restablezcan la credibilidad perdida y la honorabilidad de la institución que representa al comercio y a los comerciantes mismos y que, además, tiene funciones de llevar (de manera honesta y creíble) muchos registros entre los que sobresalen el registro mercantil y certificar sobre los actos y documentos en él inscritos, el registro de proponentes, el de entidades sin ánimo de lucro, entre otros. También es el depósito de los estados financieros que en ese momento se vuelven públicos. La Cámara nombra peritos. Esas y muchas otras funciones, ¿son creíbles en Ibagué? Escojan bien, señores electores, si quieren que Ibagué crezca en su comercio y para que los nuevos comerciantes se asienten en ella con confianza. Tengan en cuenta lo que expresó Silverio Gómez: “… no lo quieren entender algunos miembros de junta porque manejan intereses personales y no del sector o de la ciudad que dicen representar”.

Razón tuvo el Congreso cuando estableció, en la Ley 1727 de 2014 que “Teniendo en cuenta la especial naturaleza y funciones de las Cámaras de Comercio, sus directivos actuarán de buena fe, con lealtad, diligencia, confidencialidad y respeto.”

Otra cosa: Están arreglando calles en varios frentes. Bienvenida esa actividad, esperada por todos desde hace lustros y, particularmente, desde el día en que se aprobó el endeudamiento por 100 millardos de pesos, mientras que de manera simultánea sufrimos el crecimiento de los huecos en las calles, crecimiento en tamaño y en cantidad, en un proceso de deterioro progresivo y cada vez más acelerado. Pero surge una pregunta: ¿Será muy difícil que, cuando “cajean” unas calles (como le dicen los entendidos al proceso de excavar para arreglar un pedazo de pavimento), no pueden hacer el arreglo completo, de inmediato? Y no dejar esos huecos allí, invisibles de noche o durante la lluvia, para que se rompan las partes frágiles de los carros durante un fin de semana completo, de viernes a lunes y, usualmente, durante más días. Planear las pequeñas obras no es ciencia de cohetes.

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