Atención a las obras públicas

Dice el diario Q´hubo en su edición de ayer: “Ibagué. Rehabilitación de carrera sexta suspendida. No cumplieron”. Y en el desarrollo de la noticia dice que el Secretario de Infraestructura explicó que estaba a la espera de los resultados de estudios que le indicarán cómo están las vías y así saber qué trabajos se deben realizar en cada uno de los tramos. ¡Válgame Dios!

El arreglo de la carrera Sexta lo contrataron y anunciaron que se realizaría en dos etapas: de la calle 11 a la 19, hasta el 20 de diciembre, y el resto en enero. Con toda la parafernalia oficial, el Alcalde inauguró el comienzo de las obras. Pero, he aquí que contrataron sin saber lo que habría que arreglar. ¿Qué dirá en ese contrato? ¿Cuáles serán los ítems y sus cantidades de obra pactados? La lógica le dice a cualquier bachiller que primero se hacen los estudios, después se hace un presupuesto y por último se acomete la obra.

Ojalá que, antes de continuar lo que empezó mal, hagan bien los estudios debidos. Hagan apiques y perforaciones. Usen los geófonos y cámaras robot del Ibal. En fin, ¡hagan ingeniería! El 20 de diciembre, cuando deberían haber terminado obras en la calle 19, apenas habían intervenido dos cuadras. ¿Cuáles habrán sido los precios contratados cuando había semejante incertidumbre de la obra a realizar? No me quiero ni imaginar cómo serán las cosas en la otra obra, la bajada a La Ollada.

A cuadra y media del escritorio del Alcalde y a tres cuadras de la Secretaría de Infraestructura se está desarmando el pomposamente denominado “Paseo Cultural” en la calle 10. Junto a la Universidad del Tolima, y a la Biblioteca Soledad Rengifo, y a la Cámara de Comercio, y a la Catedral, y a la Plaza de Bolívar, y al Seminario Mayor, los andenes se están despedazando. Vale aquí la manida frase que dice de los ingenieros que hacen las cosas mal: “Se le cae hasta un andén”. Pero como se está desbaratando, lo menos que la ciudad espera de sus administradores es que arreglen el estropicio.

Y, por favor, miren cuál es el daño y arreglen el hueco que se está generando entre el Hotel Ambalá y la Gobernación. Es profundo para su tamaño, lo que hace temer un daño estructural grave en el pavimento. Antes de que el daño se agrande y los diputados, funcionarios y policías no puedan volver a estacionar en ese, que es un sitio de prohibido estacionamiento. Al menos, que los huecos hagan cumplir la norma, ya que parece que a la Secretaría de Secretaría de Tránsito y Transporte le importa poco.

Otra cosa: En la Avenida del Ferrocarril, entre calles 31 y 31A, hay un derrumbe desde hace como un semestre. Tapa medio carril de la izquierda, bajando. ¿Ni el Alcalde ni el Secretario de Infraestructura lo han visto? ¿Nadie, en la frondosa burocracia municipal se ha percatado? O, ¡será que no importa que la ciudad se caiga a pedazos!

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