El fuero penal militar

Una de las características más aberrantes que tuvo la jurisdicción penal militar, en tiempos de la dictadura de Rojas Pinilla y cercanos a ella, fue la de que se extendía hasta la sindicación y juzgamiento de los civiles que incurrieran en el gravísimo delito de pensar distinto al régimen. Para tales juzgamientos estaban establecidos los Consejos Verbales de Guerra, y la sindicación que con más frecuencia se hacía a quienes caían bajo su férula era la de ser guerrilleros comunistas al servicio de las barbas de Fidel o del oro de Moscú, que era como se denominaba a los que ahora se les llama narco terroristas.

Al paso que vamos, y de seguir avanzando las tendencias militaristas como lo vienen haciendo, dentro de muy poco estaremos viviendo bajo unas condiciones jurídicas muy poco diferentes a las de ese oprobioso pasado. Con las escasas reservas morales que ha mostrado el Congreso en casi todas sus actuaciones, pero muy especialmente en la defensa de la institucionalidad democrática, más pronto que tarde veremos discutir a sus integrantes sobre si reviven o no esos nefastos Consejos de Guerra, con la vergonzosa posibilidad de que el resultado nos ponga a vivir nuevamente bajo las condiciones del pasado.

Eso es lo que evidencian las actuales discusiones sobre el Fuero Penal Militar, que ya no solo será de utilidad para cubrir con la impunidad a militares que comentan delitos relacionados de manera directa con el servicio, sino muchos otros, incluidos aquellos en los que las víctimas sean civiles en nada relacionados con tal servicio.

De esto a la extensión del fuero para que también puedan caer los civiles bajo la competencia de los tribunales militares, solo hay un paso, que resultaría muy corto de seguirse dando en el Congreso una composición que mayoritariamente marche tan a la inversa de las necesidades nacionales, como el que hemos tenido en los últimos años.

¡Será esta la forma en que el Estado colombiano se prepara para el después de los acuerdos de La Habana? Pues de ser así, de muy poca duración será esa etapa, ya que precisamente el surgimiento de las guerrillas, y su permanencia en armas ya por medio siglo, obedeció en parte a la casi nula existencia de institucionalidad democrática.

Y si en tal aspecto lo que nos espera es un retroceso, ¿qué podemos esperar de los demás cambios sociales y económicos, con todo y lo indispensables que son?

Esto debe ponernos a pensar en la necesidad de un Frente Amplio que lleve al país por el sendero de las transformaciones que sean necesarias para que podamos tener una paz estable y duradera.

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