Presupuesto militar y paz

Son muchos los problemas aún sin resolver para llevar a feliz término el actual proceso de La Habana y comenzar a construir la paz que tanto deseamos. Entre ellos hay uno mayúsculo, sobre todo por su enorme peso y por lo mucho que ha tenido que ver con el conflicto mismo: el presupuesto de las Fuerzas Armadas y de Policía.

Resulta extraño, por decir lo menos, que un cuerpo del que se ha dicho que no es deliberante se reúna con las cabezas visibles de los partidos de la llamada Unidad Nacional y que de tal reunión salga el compromiso de no tocar las asignaciones presupuestales de que al presente gozan las fuerzas militares, así se acabe el conflicto armado.

Esto da a entender que la insidiosa cantinela del uribismo, en el sentido de que la suerte de las fuerzas armadas se está discutiendo con las FARC-EP, estuviera borrando de la conciencia de los altos mandos el hecho innegable de que el presupuesto con que cuentan es proporcionalmente de los más altos del mundo; que es así de alto porque han tenido que lidiar con una confrontación que les ha demandado inmensos costos; que esos elevados costos han llevado a que sean desatendidas necesidades de la población que en condiciones normales serían prioritarias; y que, desaparecido el conflicto armado, lo lógico es esperar que esas partidas presupuestales adquieran los niveles que son normales en una sociedad en paz.

Pero dejemos tranquilas a estas instituciones y vayamos al presidente Juan Manuel Santos, en nombre del cual también estuvo en la reunión el ministro de Defensa. ¿Será que esta reunión y los compromisos que de ella salieron evidencian que no es tan cierta la condición del Presidente como Comandante en Jefe de tales fuerzas? ¿Será que los acuerdos de La Habana tendrán que firmarse previo un réquiem por la norma constitucional que le asigna al Presidente tal carácter? ¿O será que a la institucionalidad oligárquica de nuestro país le interesan más unas fuerzas armadas tranquilas y fortalecidas que un pueblo en camino de satisfacer sus necesidades fundamentales y de construir la paz?

Son interrogantes ineludibles para unos sectores democráticos y de izquierda que están llamados a aportar lo mejor de sí para que el momento que vivimos haga tránsito hacia una sociedad con equidad social, democracia, soberanía y en armonía con su entorno, requisitos sin los cuales es imposible construir la anhelada paz estable y duradera. En este sentido, son plausibles los pasos que se están dando entre tales sectores para conformar un frente amplio capaz de atraer a las más disímiles fuerzas que comulguen con estos ideales.

Comentarios