Constituyente ante la corrupción

Según cálculos por lo bajo, las garras de los corruptos nos despojan anualmente a los colombianos de seis billones de pesos. Lamentablemente, aunque se trata de un fenómeno con móviles económicos, sus efectos no se limitan a tal esfera, como lo evidencia el resonante caso que tiene comprometido al magistrado Jorge Pretelt, presidente de la Corte Constitucional, a quien se le acusa de cobrar 500 millones de pesos a cambio de intervenir en la selección de una tutela.

Dejando de lado otras acusaciones que le han llovido al Magistrado, como las derivadas de su condición de propietario de unas tierras que están abonadas con litros de sangre de sus antiguos dueños, este escándalo de los 500 millones comprueba viejos indicios de que también en las altas magistraturas del Estado la corrupción hace ostentación de su degradante poder, lo cual sigue sumiendo al conjunto de la sociedad en la peor desesperanza.

De esa desesperanza, además de la que le producen muchos otros fenómenos políticos y sociales, solo puede sacarlo un proceso de refundación que vuelva a barajar y a poner sobre la mesa las cartas de un nuevo Contrato Social, capaz de poner al hombre en el centro de la sociedad; de hacer girar en beneficio de todos, y de manera sustentable, la inmensa riqueza que nos rodea; de proscribir modelos económicos fracasados; de hacer de la vida el bien supremo y garantizar que transcurra enfundada en la mayor felicidad posible para todos; que nos dé un país en paz con quienes se han alzado en rebelión, y que hoy discuten con el Gobierno, o pueden comenzar a discutir con él, unos acuerdos mínimos, que serían los primeros insumos de ese Contrato.

Esa refundación solo se alcanza mediante una nueva Constitución, en cuya redacción las mayorías no tengamos más límites para participar que los que se hagan indispensables para garantizarle funcionalidad al organismo que se encargue de su redacción.

Quienes estamos impulsando el Frente Amplio por la Paz hemos sido firmes defensores de esta iniciativa y consideramos que debe ejecutarse mediante una Asamblea Nacional Constituyente, la cual debe convocarse mediante unas reglas tales que permitan que a ella llegue la más amplia representación del pueblo colombiano, procurando que esta recaiga entre los más destacados, convencidos y consecuentes líderes de la entraña popular, de sus luchas y de sus conquistas, a quienes rodearemos y acompañaremos con nuestro modesto pero decidido respaldo.

Y como ocupantes de primera fila, iremos llamando con nuestras sirenas a los colombianos del común para que no desperdiciemos esta oportunidad de refundar una nueva patria, capaz de repartir entre sus hijos felicidad a manos llenas.

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