Cuando el círculo se estrecha

Luego de ver la carcelaria suerte de Sabas Pretelt, Diego Palacio, Alberto Velásquez, Bernardo Moreno y María del Pilar Hurtado por haberse dejado llevar a la comisión de delitos tan diversos y graves como el cohecho, las chuzadas y la persecución a la oposición, resulta imposible descartar la participación de Álvaro Uribe Vélez en los mismos hechos, no solo por haber sido su directo beneficiario, sino por haber tenido a los directos responsables en la cuerda de sus más íntimos afectos.

Con esto no queremos salvar de responsabilidad a los condenados, pues lo que hicieron les traía el beneficio de su permanencia en los altos cargos que en su momento usufructuaban. Queremos sí señalar que si a la verdadera cabeza de semejante asociación para delinquir no se la somete a la justicia, lo hecho hasta el presente será un buen principio, pero sin el debido remate que es de esperar de toda empresa humana y en especial de la empresa de la justicia.

Qué bueno fuera que, actuando en procura del reconocimiento que siempre ha buscado, el expresidente Uribe renunciara a todos los privilegios que las leyes contemplan para que los llamados aforados puedan evadir a la justicia, y dejara que esta cumpla libremente su función. Bajo tales condiciones, un fallo absolutorio lo cubriría con la grandeza de un ser impoluto, y uno condenatorio le permitiría blandir con orgullo su condición de no haber sido nunca obstáculo para que la ley pudiera hacer realidad su imperio.

Por desgracia, el propio Uribe sabe que lo mejor es no llegar a la justicia con el mero amparo de su sola verdad y de los recursos ordinarios de cualquier ciudadano; y por eso deja que sean sus amigos de ayer los que carguen solos con el peso de las delincuencias que les fueron comunes.

Lo grave es que, como lo dijo un editorialista, “el círculo se cierra demasiado cerca del expresidente Uribe”. A los estrados judiciales parece que muy pronto serán llamados sus también muy próximos José Obdulio Gaviria, César Mauricio Velásquez, Edmundo del Castillo y Jorge Mario Eastman.

También es grave que, en la medida en que va pasando el tiempo, se va haciendo más opaca su relación con quienes habrán de dar el veredicto final respecto de sus responsabilidades penales y más amplia la posibilidad de que estos actúen con imparcialidad.

Por eso lo recomendable sería que actuara ya; que no lo dejara para cuando sea demasiado tarde, con lo cual solo lograría aplazar el inicio material de una condena que ya lo debe estar agobiando al punto de no poder dormir sin sus gotitas de valeriana.

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