Presupuesto y elecciones

Pese a que el abstencionismo sobrepasa muchas veces la mitad del padrón electoral, son muy pocos los abstencionistas que tienen motivos de algún peso ideológico para serlo, como el de creer imposible que a través de elecciones podamos llegar a las transformaciones que se requieren para hacer de la felicidad la condición natural de la existencia de cada colombiano.

Las razones mayoritarias del abstencionismo están en el atraso político de quienes no creen que la política sea para ellos, en el desencanto de quienes se retiraron de elecciones al no ver ningún cambio que haya justificado sus anteriores votos, en la repugnancia de todos ante los escándalos que manchan a cientos de elegidos y de candidatos y en el fastidio generado por la mercantilización del sufragio.

Téngase el motivo que sea, vale la pena que los abstencionistas reflexionen acerca de lo que se decide en los cuerpos colegiados y cargos de elección popular, ya que casi todas esas decisiones repercuten sobre las condiciones de vida de los ciudadanos y en las relaciones de estos con el Estado.

A manera de ejemplo mencionemos que por estos días comienza la discusión del Presupuesto General de la Nación para la vigencia de 2016. El proyecto presentado por el Gobierno encaja perfectamente dentro de los propósitos del Plan Nacional de Desarrollo, cuyo contenido ha sido ampliamente cuestionado por las organizaciones sociales y personalidades progresistas de nuestro país, que no ven en ese Plan más que la continuidad de unas políticas neoliberales que marcan cada vez mayor distancia con las grandes necesidades sociales y, sobre todo, que van en sentido contrario al espíritu de los preacuerdos de La Habana.

Pues bien, de aprobarse este Proyecto, el país continuará por el despeñadero del déficit de recursos para educación, salud, vivienda, saneamiento básico, agua potable, defensa ambiental, etcétera, al tiempo que continuará preservando su buen crédito internacional y las mayores garantías para la inversión con recursos abundantes para atender el servicio de la deuda y asumir los gastos de defensa, así se esté adelantando un proceso de paz y no se escuchen tambores de guerra en el vecindario.

De acuerdo con los cálculos de tirios y troyanos, este presupuesto será aprobado con muy pocas variaciones, como lo serán los de las vigencias siguientes, mientras en el Congreso continúen los mismos Padres de la Patria de hoy con las mismas potestades de siempre. ¿Qué sería de este Congreso si en su elección hubiéramos participado todos y lo hubiéramos hecho de manera distinta? ¿Cuál habría sido el Presupuesto presentado? La respuesta acertada a estas preguntas posiblemente nos haga menos reacios a la participación electoral. ¡Pensémoslo!

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