emergencia

 

¿Si sabremos quiénes somos?

En reciente mancomunada acción, los integrantes de la protesta que se viene escenificando, entre otras capitales en esta musical ciudad, arrancaron de su base y echaron por tierra la presunta imagen del fundador de esta capital, el castellano Capitán, Andrés López de Galarza, en tanto en cuanto para aquellos remembraba a uno de los conquistadores de este suelo, dignos de rechazo dado el injusto y cruel trato que dizque le dieron a los indígenas raizales.
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Clara muestra de que al actuar de los protestantes de hoy, lo mueve más la pasión que la razón, al punto de no advertir, que con el paso de los años, “aquellos”, hoy se hallan convertidos en “nosotros”, por la obvia razón de que su posición dominante, amalgamó las heterogéneas y arcaicas culturas indígenas prehispánicas, en una sola de mayor tamaño y valor, con un único idioma y una misma axiología, que son los que hoy nos identifican como grupo humano, si bien alterados de tanto en tanto por el arribo de variadas corrientes migratorias.

Evidenciando además, su total desconocimiento de la historia puesto que López de Galarza, lejos de ser un criminal o un mercenario, fue un “hijodalgo” que llegó hasta esta tierra, debido a su meritorio desempeño como contador de la caja real en Santa Fe de Bogotá, donde fue comisionado por su hermano, a fundar un poblado en las inmediaciones del “Valle de las Lanzas”, según lo ha historiado el cronista local, Álvaro Cuartas Coitmat, quien además recalcó en sus crónicas, que “López de Galarza no es que se hubiese bajado de un barco a fundar Ibagué, como pudiera pensarse, sino que tal condición, fue debida a sus méritos en sus labores profesionales en la ciudad de Bogotá, donde se desempeñaba como cabal y eficiente burócrata”.

Llegando los manifestantes de la hora de ahora, en su desalumbrado accionar, a faltarle al pretérito el respeto debido, en cuanto este está constituido por los acontecimientos y sucesos que, si bien pertenecen a otro tiempo, son base o fundamento tanto del momento presente como del porvenir de nuestra existencia como comunidad.

E igualmente, muestran cuan poco han reflexionado sobre nuestro específico caso, ya que como una consecuencia obligada de nuestra ubicación geográfica, nos hemos ido transmutando gradualmente en una etnia “mestiza”, con muy poca identidad con nuestro pasado indígena y más con las íberas características de gentes de plaza o sitio de albergue, cobijo y mercado de los viajantes que aspiran a trasmontar la cordillera hacia el occidente del país o ya lo han hecho y retornan al centro, aupados por las variadas amenazas, de las muchas violencias vividas y que seguimos padeciendo.

Circunstancias estas que nos han llevado a recibir, sin solución de continuidad flujos raciales y culturales a través de migrantes de plural catadura que traen entre sus haberes comportamientos y hábitos, muchos de ellos contrarios a aquellos que por años hemos estimado como propios, aupados en la hora de ahora por la subcultura del narcotráfico, amplificada por los medios de comunicación y exaltada por el culto al dinero que a su alrededor se sucede.

Con lo que se advierte, que hasta el momento presente, cuan poca ha tenido esta colectividad ibaguereña, una inducción al discurrir bajo normas de convivencia y hábitos de tolerancia y respeto por el ayer, pues no se les ha prevenido sobre los nocivos efectos que puede llegar a causar la transgresión de tales reglas, por cuanto las escuelas y colegios poco o nada de esto enseñan, ya que fueron suprimidas en sus currículos.

Por tanto, sin que nadie eduque u oriente respecto de lo que hay que hacer para vivir armónicamente con el pasado, es decir sin saber quiénes somos, no podremos aspirar a remontar los problemas de violencia y desequilibrio, ni a superar los altos índices de desempleo, pobreza y marginalidad que nos afectan.

Que es donde se torna urgente, poner acento en el porvenir.

MANUEL JOSÉ ÁLVAREZ DIDYME-DÔME

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