Los no-deseos de 2013

El 19 de septiembre de este año, un hombre fue noticia en Latinoamérica porque una teja de zinc le cortó la nariz.

El hombre, bastante entrado en años y voluminoso de cuerpo, desafió un vendaval y salió en medio de las ráfagas de viento a ayudar a un vecino que estaba a punto de perder la mitad de su rancho en una zona semi veredal cercana a Montevideo, la capital de Uruguay.

El hecho, que no pasaba de ser un acto anónimo de solidaridad entre vecinos, saltó a la prensa mundial, porque el hombre levemente herido era el presidente de Uruguay, don José Mujica, una especie de Buda latino que ha dado todas las lecciones de honestidad, humildad y dignidad que tanta falta le hace no solo a la clase política de este continente, sino a todas las personas en este mundo. El presidente Mujica es el mismo hombre que le dice a su pueblo cosas como “pobre no es el que tiene poco, sino el que desea mucho” y da con esto una lección fundamental de vida que es, en buena medida, una de las responsabilidades de quienes gobiernan a una comunidad.

Las palabras de Mujica vienen como anillo al dedo en estos fines de año en los que la gente suele incluso hacer listas con sus deseos de año nuevo que, además de la consabida “paz para Colombia” y “salud para mi familia”, tiene por ahí subrayados el carro que se quieren comprar, la casa que están esperando, el viaje a Europa que está aplazado, los zapatos aquellos, y tantas otras cosas que hacen suspirar y llenan de vacío u odio el espíritu de las personas.

Quienes quieran ser felices en 2013 y los años sucesivos deberían seguir el consejo de Mujica, el de muchos maestros, el de Francisco de Asís, que decía “quiero poco y lo poco que quiero, lo quiero poco”. Deshacerse de deseos consumistas es quitarse los lastres que hacen pesado el espíritu e impiden su vuelo y su trascendencia. Lo deseable para todos en este 2013 es que deseen poco o, mejor, que desechen todos esos deseos que les tienen encadenada el alma y se decidan a vivir el día en cada uno de los 365 días de cada año, hasta que la parca los alcance desnudos de bajas ambiciones y no pueda llevarse nada, ni su cuerpo, ni su historia, ni su alma de niño bueno. Feliz año para todos.

Jairo Martinez

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