Venturoso año nuevo

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Han transcurrido solo unos días de haberse celebrado, al igual que en Belén de Judá, el nacimiento del Salvador, el Mesías, el Señor, y muchos racionalistas e impíos piensan que este suceso es solo el recuerdo de un acontecimiento pasado o una superstición, e incluso, lo llevan al campo de la creación imaginaria de donde surgió el papá Noel, el santa claus o el san Nicolás.

En fin cualquier cosa antes de considerar este suceso como un hecho histórico, real y vigente. Las posiciones adversas al Misterio Pascual, al Misterio de la Redención, al Misterio del Verbo hecho carne se ha extendido según sea la cultura, el Estado o el Régimen; determinando la dureza o magnanimidad, la ignorancia o la sabiduría de sus pueblos y gobernantes; y dentro ese maremagno de sentimientos el rasgo diferenciador entre los hombres es que unos transmiten vida y otros son portadores de muerte.

Al igual que el fragmento del niño de Nazaret, tomemos una parte de la Palabra Eterna: “El Señor dice a Caín: ¿Qué has hecho de tu hermano? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo”.

Este pasaje tomado del Génesis 4-10, rotula una realidad de exterminio en la que los hombres disponen de la voluntad y de la vida de sus hermanos. Hoy, el grado de violencia contra la mujer; los abusos contra la niñez; la degradación del medio ambiente; la carencia de salud, vivienda y educación está midiendo la estatura moral y la coherencia de quienes diseñan la Agenda Pública de la Justicia Social.

Imprescindible es entonces, como producto de la reflexión navideña, tener en cuenta las inconformidades, movilizaciones y protestas de quienes claman desde el suelo colombiano y con base en ellas formular una agenda programática tendiente a superar esas falencias, que son nuestra constante.

Colombia debe propender en ser portaestandarte de vida y para ello: Debe generar políticas de Justicia de Género que propendan por la inclusión del enfoque diferencial; garantizar el acceso, goce y ejercicio de espacios laborales y académicos, en igualdad de oportunidades y capacidades para las mujeres y hombres; y conquistar para unas y otros un trato dentro de los conceptos de respeto, autoestima y dignidad.

Debe ventilar todos los problemas de la educación en forma integral, para que la solución sea inequívoca y constante; educar, desde la infancia, en el respeto a los derechos humanos, la participación, la responsabilidad democrática, la pluralidad, la identidad y valoración de las diferencias.

Debe cumplir todas las medidas de choque que fueron presentadas formalmente en la instalación del Pacto Nacional Agropecuario y trabajar paralelamente en el derrotero de la política de desarrollo rural que integre componentes personales, sociales y económicos, entre ellos: protección social para el campesino, formalización de la propiedad rural, provisión de servicios públicos y vías terciarias, mayor cobertura de la administración de justicia, sistemas de riegos, financiación y ayudas fiscales, asistencia técnica agropecuaria por cadenas productivas.

ROSMERY MARTÍNEZ ROSALES

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