Desnazificar y constitucionalizar

¿Sabrían los policías mestizos que hicieron homenaje al nazismo racista en dónde habrían terminado si hubieran vivido en la época de Hitler?: no hubieran sometido a semejante escándalo internacional a la institución de pertenencia. ¡Pero la ignorancia es atrevida! Recordemos de dónde provenía la obsesión de Hitler contra las razas no arias, incluidos los mestizos: como él no era de origen alemán, tenía que exaltar esta nacionalidad para vencer el temor de ser rechazado en Alemania. Había nacido en Braunau, ciudad del entonces imperio austrohúngaro y era de origen judío, pero vergonzante, por lo que muchos historiadores atribuyen su antisemitismo al miedo de ser identificado como judío.
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El mayor genocida de la historia consideraba que la raza aria era superior por naturaleza; que ésta no permite la fusión de una raza “superior” con una “inferior”; por esto rechazaba la mezcla de sangre aria con “pueblos inferiores” como los centro y sudamericanos, mientras proclamaba la pureza y superioridad de América del Norte que habría sabido mezclarse con los arios (en Mein Kampf).

Pero la anterior no fue solo una teoría, fue una práctica política de exterminio de seres humanos utilizando por ejemplo el concepto de “higiene racial” y de “supremacía del más fuerte”, con lo cual de 1939 a 1945 los nazis asesinaron a cerca de 14 millones de personas, entre los cuales 6 millones de judíos, además de polacos, soviéticos, gitanos, etc., a quienes consideraban “razas degeneradas” y por eso terminaban en campos de concentración, hornos crematorios y así sucesivamente. Además de este aniquilamiento de personas por prejuicios raciales, los hubo por motivos políticos y religiosos: culpaba al cristianismo de haber generado el comunismo, como “invención judía” y persiguieron y asesinaron millones de militantes de izquierda, sindicalistas, intelectuales, miembros de organizaciones religiosas, etc.

Dicho racismo se había aplicado en la Criminología (Siglo XVIII) por médicos como Lombroso, considerando, siguiendo a Darwin, que para ser “delincuente” éste tenía que haberse detenido en su evolución (atavismo), demostrado en sus características raciales (piel morena, bajo de estatura, velludo, etc.), distintas de los arios: así se fue construyendo el paralelo entre “fealdad” y delincuencia, ocultando el racismo implícito (excluidos delitos de cuello blanco).

Con el Acuerdo de Potsdam (1945) los países vencedores de la II Guerra Mundial, impusieron a Alemania obligaciones como, entre otras, devolver los territorios anexados por las tropas nazis desde 1938, dividir al país en 4 zonas administradas por las potencias vencedoras, desnazificar y desmilitarizar el país: desnazificación como proceso de depuración de la sociedad  y de la política de rastros  nazis, por respeto a las víctimas del genocidio. Hoy en Alemania es delito hacer propaganda a señales nazi, símbolos, banderas, insignias, uniformes, saludos, brazaletes, la cruz esvástica, entre otras: precisamente todo lo que hicieron los policías y el director de la Academia de la institución en Tuluá en noviembre de 2021. 

Por esto para Colombia también es válida la obligación de desnazificar y constitucionalizar: no solamente instruir a las instituciones que repiten prácticas macabras nazi, sino también obligarlas a conocer y practicar los principios constitucionales que nos trajo la Carta del 91, como la tolerancia y protección del pluralismo ideológico, religioso, cultural, la utilización subsidiaria de la fuerza, la prohibición de la estigmatización de quien practica derechos constitucionales como la protesta pacífica, la prestación  igualitaria del servicio de seguridad, exigencia sin conceder privilegios de normas de convivencia, no convertirse en brazo armado de algún partido político, etc., para que nunca más se repitan  vergüenzas como los falsos positivos, o los abusos verificados por la Corte Interamericana de DD.HH en 2021.

 

MAURICIO MARTÍNEZ SÁNCHEZ

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