¿Jóvenes en las altas cortes?

Por respeto al lector empiezo por declarar algo: la persona a quien se refiere esta columna ha sido amigo mío desde hace años. Con independencia de esto, su caso me ha llamado poderosamente la atención, y me ha producido esta reflexión: ¿cuán importante es la edad a la hora de elegir magistrados de las altas cortes?

Me he inclinado a pensar que los magistrados deberían ser personas veteranas, que hayan decantado un sentido sereno y razonable de justicia. Pero una inquietud me ha surgido a raíz de la aspiración de David Sotomonte a un escaño en la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia. 

David es un abogado joven: debe andar por los 40 o 39 años. De gran arraigo familiar en Santander, sus raíces vienen de El Socorro. Su aspiración a la Corte puede juzgarse audaz o atrevida por causa de su edad. Pero creo que a la hora de elegir magistrados vamos a tener que cambiar de criterios. 

Primero, porque la edad no garantiza sabiduría: lamentablemente, y con mis respetos hacia magistrados ilustres, la verdad es que Colombia está profundamente decepcionada de su justicia, y dolida por el hecho de que algunos magistrados se muestren inferiores a la dignidad de su función. En tales casos, la edad no ha garantizado justicia ni honorabilidad. 

Y segundo, porque tenemos ejemplos de jóvenes que han desempeñado papeles estelares en las cortes. Entre ellos dos de mis magistrados favoritos, Humberto Sierra Porto y Manuel José Cepeda. Al igual que David, ellos aspiraron a la magistratura muy jóvenes, pero precedidos de una intensa carrera.

En un país en el que cualquiera que da una hora de clase a la semana se hace llamar “académico”, David ha sido profesor e investigador; es autor de un libro y de numerosas investigaciones académicas. Su especialidad es el Derecho Comercial, y en ello se formó en postgrados en España y en la Universidad de Glasgow. Lleva siete años como magistrado auxiliar de la Sala Civil, y conoce por ello muy bien el trabajo judicial. Y me quedaría mucho por decir de su hoja de vida, que pese a su edad es muy rica.

Compartí con David aulas hace muchos años ya. Mis recuerdos son los de un hombre brillante, alegre y un buen amigo. A él mis mejores deseos, y que abra un camino para los jóvenes en la justicia.

ANDRÉS MEJÍA VERGNAUD

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