Paros otra vez

Al momento de escribir esta columna, el Gobierno no había logrado desactivar el paro convocado para el 19 de agosto. De realizarse, este será uno de los paros más grandes e impactantes de la historia del país, y complicará muy gravemente la situación política del presidente Santos, justo cuando empieza la temporada preelectoral.

Al momento de escribir esta columna, el Gobierno no había logrado desactivar el paro convocado para el 19 de agosto. De realizarse, este será uno de los paros más grandes e impactantes de la historia del país, y complicará muy gravemente la situación política del presidente Santos, justo cuando empieza la temporada preelectoral. Es más: si el manejo del paro resulta similar al que Santos hizo con los paros anteriores, sus intenciones de reelección quedarían seriamente comprometidas. 

Con el paro vendrán los análisis sobre el paro. Y tales análisis, creo, sufrirán de un problema consistente en no formular con precisión las preguntas que son eje del debate, en no distinguir una de otra, y en no diferenciar claramente qué tesis van dirigidas a una pregunta y a otra. 

Me explico. Creo que en el estudio de esta coyuntura de paros, es necesario diferenciar entre dos niveles de análisis. El primero es el análisis individual y particular de cada paro, de sus motivaciones, de sus pretensiones, de sus expresiones y de la actitud de sus líderes. Este es el nivel, por ejemplo, en el que cabe la pregunta por la justicia de las aspiraciones representadas con dicho paro: hay lugar a un análisis con enfoque ético, examinando si la situación de los inconformes es tan mala, y sus clamores han sido tan ignorados, que no tenían más alternativa que movilizarse. Es también el nivel en el que cabe la pregunta por los métodos: si la manera de conducir el paro ha sido adecuada o excesiva. 

Hay otro nivel de análisis totalmente diferente: no se enfoca en los paros tomados individualmente, sino en la extensión y generalización de los paros como método. Es una pregunta por las causas del fenómeno, no por la justicia de éste. ¿Por qué razón, en cosa de apenas dos años, se han venido multiplicando en Colombia los paros y se han concentrado en jornadas como la que probablemente viviremos?

La respuesta por supuesto no es materia de una columna, sino de una investigación seria. Sospecho que, en parte, las actitudes de inseguridad e indecisión del Presidente,  sumadas a su ánimo de complacer a todos los sectores, llevaron a la práctica cortoplacista de buscar desactivar los paros mediante concesiones. Tal vez todo haya empezado en febrero de 2011, cuando los camioneros quisieron poner a prueba la voluntad de Santos. Y lo ganaron.

ANDRÉS MEJÍA VERGNAUD

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