Individuos

Las visiones de la historia y la política colombiana parecerían oscilar entre el pesimismo apocalíptico y lo que yo llamaría el optimismo constitucional.

En la primera perspectiva se ve a Colombia como un país sin remedio, fracturado y sumido en la violencia. Desde la segunda perspectiva, Colombia aparece como un país que, pese a sus problemas, se ha adherido a una sólida tradición legalista y constitucionalista.

Ninguna de las dos visiones captura correctamente la realidad del país. La primera nace de extrapolar el terror de lo cotidiano; la segunda, de exagerar el alcance de lo que ciertamente ha sido una tradición de leyes. 

Pero el tema que hoy me preocupa concierne sobre todo a la segunda perspectiva. A mi modo de ver, desde hace unos años la política nacional se ha venido deslizando por una senda muy peligrosa, la cual pone en cuestión el carácter constitucionalista del país: la política colombiana se volvió una cuestión de individuos, no de ideas, no de programas, no de orientaciones, sino de individuos. 

Que si Santos, que si Pacho, que si Vargas Lleras, que si Navarro, que si Clara, que si Peñalosa… la polémica diaria nacional deja en evidencia que, en nuestra visión, lo que nos gobierna no es un sistema, entendido como una arquitectura funcional de instituciones, sino individuos. Tan grande es nuestra debilidad por los individuos, que a un partido acaban de ponerle el extravagante nombre “Uribe Centro Democrático”. 

Nótese que ni siquiera lamento la erosión de los partidos, pues este fenómeno tiene otras causas y en cierto modo lo considero normal. Pero resulta muy preocupante que nuestra mentalidad política no pueda ver más allá de las caras de ciertos individuos, y crea que su salvación está en las manos de aquellos. Más aun en una nación que se ufana de haber exhibido un constitucionalismo coherente y serio. 

Lo anterior conlleva un gran riesgo: cuando no hay un individuo cuyo nivel de preferencia sea evidentemente superior, el país queda sumido en la volatilidad y en la incertidumbre: queda sujeto a una situación en la que cualquiera, el más hábil, el más oportunista, el más audaz y atrevido, se hace al poder. No necesariamente el mejor ni el más capacitado. Miren los números de las últimas encuestas: cuando el país se debate entre cinco o seis personas, ninguna de las cuales tiene una intención de voto claramente mayoritaria, cualquier cosa puede pasar. Cualquier cosa. 

ANDRÉS MEJÍA VERGNAUD

Comentarios