Effetá

Effetá (ábrete). Abrirse, ese el llamado que en esta Semana por la Paz hace la iglesia Católica colombiana a todos, a propósito de la situación que vive el país y que debe mejorar. Un llamado a abrirse a la inclusión de lo diferente, lo desconocido, del otro, del no igual, del que piensa distinto, se ve distinto, habla y se comporta distinto a mí y a los míos.
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Un abrirse sin hacer acepción ni asepsia de la persona sino simplemente reconocerlas en su dignidad de ser y su valor con sus diferencias, su individualidad, no tratar de volverlas igual a mí en pensamiento, creencia, opinión, imagen, si no, por el contrario, recibirlas y servirles en silencio; tal cual muchos lo hacen al servir a otros sin tanto aspaviento, ruido, sin fanfarrias o dejar evidencia para las fotos y videos de las redes sociales o los medios de comunicación. Establecer, en esa construcción abierta de paz, una relación personal silenciosa de solidaridad, apoyo, ayuda y comprensión.

Hacerlo desde lo trascendente, desde esa escucha que permite valorar al otro, que destapa los oídos al clamor de los más pobres y necesitados, a respaldar las causas nobles, prestar atención a sus logros y sus esperanzas. Ese abrirse que produce encuentros gratos en un país que se llenó de desencuentros por cualquier cantidad de nimiedades que afectan hasta la convivencia en casa, las familias y a todo espacio en Colombia.

Porque en palabras del Cardenal Primado de Colombia, Luis José Rueda Aparicio, en lo cual tiene razón, el Effetá abre el corazón, la conciencia colectiva y edifica sociedad. Es el único modo de ir eliminando las dificultades, las trabas que se nos han impuesto históricamente en muchos factores y desde distintos sectores indistintamente, la principal de ellas: la mentira.

Esa mentira que se acompaña de la difamación, desacreditación para ganar posiciones sociales, políticas o económicas, de la imposición o creerse poseedor de la verdad completa y absoluta para encontrar soluciones y en todos los aspectos de la vida.

Sin embargo, sí que se debe hacer una apuesta por la verdad comunicada, porque es ella la que aporta a una verdadera paz duradera en todos los aspectos de la vida comunitaria. Por lo cual, la primera acción en esa construcción es que si no tiene una verdad que decir, si no es importante como aporte, simplemente quédese en silencio, no especule, no infle, no dé verdades a medias porque con ello no hay un camino de apertura si no de mayores cierres que llevan a exclusiones. Si escucha un chisme, un rumor o un embuste no lo esparza, no lo cuente, deje que muera allí, porque ese ha sido uno de los mayores problemas de nuestra sociedad, un caldo de cultivo para fomentar la exclusión y la violencia.

Así mismo, cuando comprendamos que la verdad como nación, el conocer la historia cierta de lo que nos ha sucedido y nos tiene en la situación actual es la única salida real posible, entenderemos el pasado permitiéndonos proyectar con alegría y esperanza el futuro. La gran novedad de abrirse a la verdad desde sus creencias, su espiritualidad, su religiosidad es que se descubre que es mejor incluir y no excluir. Es como dice el eslogan de esta Semana por la Paz que inicia “verdad que podemos”.

Pero ¿qué es lo que podemos entonces? Pues abrirnos, reconciliarnos, defender la vida y los derechos humanos, dialogar, escuchar, vivir en fraternidad, aceptar las diferencias sin que sean un motivo de muerte, odio ni segmentaciones, por ejemplo. Sin duda, ese sería un buen comienzo para aplicar el effetá.

 

NELSON GERMÁN SÁNCHEZ PÉREZ

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