Falsa empatía

La falsa empatía de estos tiempos, las palabras vacías y carentes de real afecto que pretenden ocultar el egoísmo humano durante la pandemia, nos dicen mucho sobre esa doble moral propia de nuestra sociedad judeocristiana y capitalista. Hay que parecer políticamente correcto y decir que se siente compasión por el otro, pero en realidad ni entendemos cuál es la importancia de la otredad. Soltamos algunas palabras lastimeras para quedar como buenas personas, y al momento volteamos y se nos olvida que el otro sigue ahí con su sufrimiento.
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Por estos días, por recomendación de una amiga, leí el libro de Juan Carlos Rincón Escalante, la Depresión (No) Existe, y me llevó a reflexionar sobre los entornos a los que, en promedio, una persona con alguna condición de salud mental está expuesta. El libro nos introduce algunas de las frases más comunes que suelen escuchar las personas con depresión y que en lugar de ser empáticas y ayudar terminan siendo todo lo contrario, una muestra clara de lo insensible que es nuestra sociedad. El lenguaje que usa el autor es directo, honesto y, seguramente, molesto para algunas personas. En realidad, creo que los términos utilizados por Rincón Escalante son los necesarios.

La salud mental no deja de ser nunca un tema tabú, porque quienes hablan de sus sentimientos, pensamientos y dificultades para procesar emociones son vistos como raros, locos o problemáticos. Incluso, las personas que simplemente son diferentes a lo “normal” ya son vistos como si tuvieran algún problema de salud mental. En serio, que falta de educación tan brava. Educarse sobre estos temas es imperioso, más en esos círculos en los que la gente posa de leída, intelectual y culta. O simplemente, dejar de juzgar al otro desde nuestros prejuicios y aplicar todas esas palabras que se dicen cuando queremos quedar como buenas personas y sensibles.

En varios momentos de mi vida me he cruzado con amigos y personas que estimo que han tenido o tienen alguna enfermedad o trastorno a nivel mental. De hecho, como persona con ansiedad extrema, y que toda la vida ha sido visto como “exótico” o diferente, creo que este libro me ha servido para entender muchas de esas situaciones en las que a veces nos quedamos cortos de empatía. Esa horrible costumbre de comparar el dolor y la tragedia ajena con “alguien que puede estar peor”, es una de esas frases que se explica en el libro. En realidad, creo que una de las peores, porque es como si nadie tuviera derecho a sentirse mal en algún momento de la vida, como lo explica Rincón en su libro.

¿Por qué nos cuesta tanto ser auténticos y sinceros en nuestra empatía y otredad? No estoy diciendo entonces que todos deban sentirse familiarizados o entender el dolor ajeno, porque seguramente hay gente que no le interesa, pero tampoco es necesario que tengan que fingir por quedar bien y como una persona intenta entender al otro, cuando en realidad no es así. Eso es doble moral.

Posdata: Había clausurado el tema de Maradona, pero un video de Las Igualadas me recordó que no debemos normalizar esa idea de que “se puede ser un dios en la cancha y un cafre en la vida”. Eso es normalizar la violencia de género.

NICOLÁS CAMARGO

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