Una Ibagué segura

.

Ibagué es la ciudad del país con la menor tasa de denuncia por la comisión de delitos contra la seguridad ciudadana, apenas un 16% de la población mayor de 15 años víctima de algún delito acude a las autoridades. ¿Cómo leer este hecho? La forma no puede ser otra que la de falta de confianza en las autoridades judiciales y de policía. ¿Denunciar? Para qué denunciar. Mejor “deje así”, cabe suponer que piensa la gente.

El dato figura en un informe del Dane de agosto pasado, sobre seguridad y convivencia ciudadana, elaborado a partir de una encuesta realizada en las veinte principales ciudades de Colombia, sobre hurto a residencias, a personas y de vehículos, riñas, peleas y extorsión, así como la percepción de seguridad.

En este informe, Ibagué no sale bien librada, no sólo tiene la más baja tasa de denuncia sino que ocupa posiciones de preeminencia en materia de tasa de victimización (6° puesto); de hurto a residencias (3° puesto); de hurto de vehículos (6° puesto); y de riñas y peleas (5° puesto). No sé si el Alcalde y las fuerzas vivas de la ciudad reaccionaron con la publicación de este informe y sobre el estado de la seguridad ciudadana, pero seguro han debido hacerlo, dado que los resultados son en realidad preocupantes.

Recientemente fue nombrado comandante de la Policía Metropolitana de Ibagué, el coronel Oscar Gómez Heredia, un oficial competente y con vasta experiencia, como quiera que ha desempeñado cargos de gran responsabilidad en Antioquia y Valle. En Buenaventura tuvo que manejar situaciones delicadas en un entorno cultural especial, allí consiguió resultados altamente positivos que le granjearon el aprecio de la ciudadanía. En mi sentir es un acierto su designación, por parte del general Rodolfo Palomino, y los ibaguereños deben sentirse satisfechos y confiados, pues hay “guardián en la heredad”. Gómez Heredia conserva como primer desafío ganarse la confianza ciudadana, para que la gente colabore y denuncie, pues sólo así se puede enfrentar el delito.

De la relación entre las autoridades municipales, las de policía y la comunidad depende en buena parte la seguridad ciudadana. Este no es un asunto sólo de policía, ni de que se incremente el pie de fuerza y las radiopatrullas, como lo creen algunos. No. Tiene mucho que ver con otros ámbitos, como el social. Ibagué viene acusando de tiempo atrás problemas críticos de desempleo y ello ha derivado en una alta tasa de informalidad económica, que a su vez es fuente de conflictos y de problemas de salud pública. La oleada migratoria del campo a la ciudad (por razones de violencia y problemas económicos) ha generado un crecimiento desordenado y pérdida de capital social. Todo ello rebota en problemas de seguridad y convivencia que demandan una intervención, para lo cual es necesaria la acción coordinada del poder político local, las autoridades judiciales y las de policía. ¿Cómo saber en un futuro si vamos bien? Sin duda, porque haya más confianza en las autoridades y gracias a ello una mayor tasa de denuncia, aunque esto vaya contra las absurdas evaluaciones internas de la policía, que inducen a pensar que si se elevan las denuncias la culpa es del comandante local.

La falta de seguridad en Ibagué se refleja en su estética urbana. Creo que es una de las ciudades con más cantidad de rejas en los antejardines, lo cual la afea sensiblemente. Algunos sectores parecen un conglomerado de cárceles. Cada quién cree proveerse su propia seguridad poniendo rejas, alambres y chuzos, una muestra del déficit de virtud cívica existente, sería más eficaz, e incluso más barato, exigir a los gobernantes locales que cumplan con el deber de hacer de la capital tolimense una ciudad segura.

GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ

Comentarios