Moriremos de sed y calor

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El cambio climático es una realidad, no es cosa de fanáticos ambientalistas. Es un problema global que requiere acción local. En Colombia la oferta hídrica, por ejemplo, ha disminuido durante los últimos 20 años, debido a la tala indiscriminada de bosques, deficiente conservación y manejo de los humedales y mala disposición de los residuos sólidos y líquidos, según estudios del IDEAM. Aun así, Colombia no registra escases de agua, pero podría sufrirla dentro de unos años, si no actuamos ya.

El fenómeno comienza a ser visual y sensitivamente perceptible. La maravilla natural del Parque Natural Nacional de los Nevados ha perdido masa glaciar como puede apreciarse con la observación de los nevados del Ruiz y del Tolima. Es un proceso que ha tenido lugar en los últimos 25 años. Otro aspecto que muestra la crisis ambiental es el colapso de la pesca continental. En 1972 el río Magdalena arrojaba 80 mil toneladas de pescado al año. En el año 2000 apenas se llegaba casi a las 9 mil toneladas. Mis recuerdos de adolescente están asociados con el fenómeno de la “subienda” en Honda. Era un verdadero espectáculo milagroso meter un canasto y sacarlo lleno de peces que luchaban por sobrevivir. Había pescado para dar y convidar. Nicuros y bocachicos, principalmente. De la subienda queda apenas ese recuerdo, ya es muy poco lo que nos prodiga el río.

La temperatura de la zona andina colombiana ha cambiado de manera también perceptible. Armenia, Ibagué, Manizales y Pereira registran un sensible aumento de temperatura en el último cuarto de siglo. La disminución del caudal de los ríos también es evidente. Algunos de ellos ya se han muerto. La pregunta es si este problema está a la vista y el tacto de todos, ¿por qué no actuamos? Es evidente que tanto nuestros “dirigentes” como nosotros mismos tenemos otras prioridades. Confiamos en que otras personas se encarguen de estos asuntos. Pero esas “otras personas” son muy pocas y están muy solas Es muy poca la audiencia y el poder político que tienen. Es más importante, como se vio en estos días, dar la pelea por nombrar el Contralor General de la República que promover una iniciativa para salvar el río Magdalena. La politiquería nos continúa comiendo vivos.

Las autoridades regionales y locales tienen que involucrarse mucho más en las políticas ambientales y en las políticas globales y nacionales sobre cambio climático. Se trata de asuntos que no dan espera. Esto, repito, no es cuestión de unos fanáticos que se la han fumado verde. La crisis ambiental es una realidad y demanda la adopción de políticas de adaptación y un cambio en la gestión ambiental. Hay que erradicar la noción de desastres naturales. Estos no existen. Lo que existe es una mala preparación antrópica frente a fenómenos naturales. Ello explica por qué la mayoría de “catástrofes naturales” se da en países con bajos índices de desarrollo, en regiones o ciudades mal planificadas. Al paso que vamos, la especie humana morirá de sed y de calor. Eso parece.   

GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ

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