El Mangostino de Oro

Hay que vivirlo, hay que sentirlo. Se trata de una experiencia excepcional que tiene la capacidad de emocionar y devolver fe y esperanza. Es uno de los mejores festivales de música colombiana que existen en el país. Y no digo el mejor para no pecar de exagerado, pero en realidad su calidad es de primer orden, sin duda alguna.

Los mariquiteños, y los tolimenses en general, tienen que sentirse muy orgullosos de este espectáculo, que honra como pocos esta tierra caracterizada por ser una de las más musicales de Colombia. Este fin de semana ha tenido lugar la vigésima versión, que los organizadores han querido sea un tributo a la Constitución de Mariquita de 1815. La sesión inaugural, realizada el pasado viernes fue un derroche de talento artístico. El show de apertura estuvo a cargo de Giuseppe, el Caballero del Requinto, considerado el mejor en su género. Su espectáculo, ‘Su majestad, el requinto’, hechizó a las tres mil personas que se congregaron en el auditorio cultural Humatepa. Ofreció un recital maravilloso de una calidad artística inigualable.

El Mangostino de Oro, resume cuatro modalidades. 1. El concurso nacional de duetos. 2. El concurso nacional de tríos vocales – instrumentales. 3. El concurso nacional de la canción inédita, princesa ‘Luchima’ y 4. El encuentro nacional de solistas de tiple, el ‘Negro Parra’. Así, Mariquita se ha convertido en la cuna colombiana del tiple. Un instrumento al cual le ha faltado promoción. La música colombiana tiene con Corarte, la corporación organizadora del festival, y en particular con su presidente, Bladimiro Molina Vergel, una deuda inmensa. Lo que han hecho por mantener vivo el tiple y los diversos géneros musicales del interior es descomunal. La gente de Corarte es un testimonio de lo que son las virtudes cívicas, y una prueba de que la sociedad, cuando se lo propone, es mucho más que el Estado. Gracias a su empeño, a su devoción y constancia el Mangostino de Oro ha cumplido 20 años. A ver si en el Ministerio de Cultura en Bogotá se enteran.

Ha sido ilusionante ver artistas de diversas partes del país (Antioquia, Bogotá, Boyacá, Cauca, Huila, Tolima, Nariño, Risaralda, Valle del Cauca), haciendo un ejercicio espiritual de fe en Colombia. Bambucos, pasillos, danzas, vales, entre otros. Merece destacarse también el público asistente (Dato curioso: mayoritariamente paisa y bogotano): respetuoso, atento y conocedor. Da gusto.

Todos los duetos y tríos son de primera calidad. El jurado tendrá esta noche una difícil tarea: escoger entre nueve duetos, nueve tríos y cinco canciones inéditas. El talento que se respira aquí es mucho. Algunos de los participantes son ganadores de otros festivales nacionales y han venido al del Mangostino de Oro a buscar la consagración.

Ha sido un deleite asistir. La organización se ha anotado un nuevo éxito. Si el poeta e historiador Hernando Ávila, estuviera vivo, habría llorado de alegría al escuchar el ‘Mangostino de Plata’. Una canción de su autoría, compuesta, si no estoy mal, en 1973, cuando se realizó el Festival Nacional de Solistas de Tiple. ¿Se imaginan ustedes si esto se hubiera mantenido? Felicitaciones a Bladimiro Molina por este majestuoso espectáculo.

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