Candidatos de paz y guerra

Por estos días hablar de paz no es tan redituable en términos electorales. A menos de tres meses de que se lleven a cabo las elecciones de autoridades territoriales, hay candidatos que han preferido sacar jugo a la baja confianza que actualmente genera en los colombianos el proceso de negociación de La Habana, y se han situado en la orilla de los que aseguran que no hay una alternativa diferente a la confrontación militar para terminar con el eterno conflicto armado colombiano. En búsqueda de acrecentar su caudal electoral, aquellos candidatos posan valerosos y osados en la plaza pública, replican los discursos de su máximo referente -Uribe- y utilizan cuanto argumento pueden para desprestigiar las conversaciones y justificar la continuación de la violencia en el país, eso sí en nombre de la seguridad.

Al otro lado de los candidatos guerreristas están, a mi juicio, los más valientes, esos que en estos tiempos de crisis del proceso se atreven a hablar de paz. Estos últimos han entendido que a pesar del difícil momento por el que pasan los diálogos, la salida negociada al conflicto debe tener el respaldo político desde las regiones para que pueda superar todos los embates que se presenten. Más que pensar en las próximas elecciones, estos candidatos están pensando en las próximas generaciones, aquellas que merecen nacer en un país ausente de violencia, reconciliado y libre. Interpretan la paz no como algo etéreo, más bien saben que ésta alcanza su mayor significado cuando se empieza a construir desde las regiones, promoviendo políticas de desarrollo para luchar contra la pobreza, disminuir las desigualdades y ofrecer oportunidades para toda la población. Definitivamente entienden que es una condición indispensable para avanzar hacia una sociedad más justa y próspera, y que alcanzar ese propósito supremo requiere del compromiso de todos.

Tal como lo vivimos en la pasada elección presidencial, en los comicios de octubre se librará un nuevo pulso político entre quienes apuestan a que se alcance más temprano que tarde una negociación para así iniciar la construcción de una paz estable y duradera, y quienes por el contrario insisten en torpedear los esfuerzos de alcanzar la paz por medio del dialogo. Estoy seguro de que como sucedió en la puja Santos - Zuluaga, los ganadores de la próxima contienda electoral serán en su gran mayoría aquellos que están del lado de la paz. No puede ser otro el resultado en un país que está cansado de sufrir las consecuencias de la violencia y que pide a gritos el cese de un conflicto que hasta el momento no ha dejado ningún ganador, sino que más bien ha puesto de rodillas a todo un país, limitando sus posibilidades de crecimiento y desarrollo.

Por ahí dicen que siempre es mejor un mal arreglo que un buen pleito. Como lo dijo el pasado domingo el presidente Santos, “nos estamos acercando al fin del conflicto”, por eso ahora más que nunca debemos permanecer unidos en la búsqueda de la paz.

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