No hay con quién

Cuatro exponentes del arcoíris político regional han quedado legitimados para empezar a disputar el voto de los tolimenses para la gobernación del Tolima: Óscar Barreto Quiroga, Carlos García Orjuela, Jaime Eduardo Reyes y Mauricio Jaramillo Martínez.

Tres -los de mayor opción- con un proyecto político familiar, maquinarias a su disposición y abundante cuota burocrática regional y nacional. Distinto rótulo pero el mismo contenido.

Barreto cambió de amigos y está cambiando de ideas. De su estilo fuerte, garrote en mano y con arrogancia militarista cuando ejerció como gobernador (2008 - 2011), fiel reflejo del pensamiento y actuar de su jefe el expresidente Uribe, pasó a asir con su otra mano una engañosa zanahoria para mostrarse a tono con el señuelo político de la paz del presidente Santos. Ahora implora paz con seguridad.

Como gobernador, al mejor estilo de Francisco ‘Pacho’ Peñaloza, hizo obras y adjudicó contratos dejando un lastre de líos jurídicos que hoy lo tienen sub júdice y pensativo.

García Orjuela, petulante y aprendiz de mitómano, pretende ocultar esa mácula que le dejó la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia al favorecerlo con una absolución por duda en sus cuestionados nexos con el paramilitarismo.

Niega que la fiscalía lo haya acusado por sus cercanías con el Bloque Tolima (entrevista a EL NUEVO DÍA, 12 de abril de 2015), cuando ésta profirió en su contra resolución de acusación y llamamiento a juicio (Providencia del 25 de febrero de 2009, Fiscalía octava delegada ante la Corte) que fue apelada por su defensor y confirmada en segunda instancia por el Vicefiscal General (Decisión del 14 de septiembre de 2009), antes que la Sala Penal de la Corte reasumiera su competencia (Auto del 1 de octubre de 2009) para juzgarlo como congresista por ser hechos que tuvieron que ver con su elección como senador de la República.

Tiene respaldo en el oriente del Tolima y el gremio cafetero, gracias a la clientela sembrada desde el Comité departamental cuando su hermano (Jorge García Orjuela) ejercía como director Ejecutivo (de 1976 a 1991).

Jaramillo Martínez es caso aparte. Es la combinación perfecta de los defectos de sus dos competidores. Tiene la petulancia de García y el travestismo ideológico que exhibe Barreto.

Sus competidores le critican no haber hecho nada en su larga vida política en Tolima. ¡Falso!

En Ibagué asesinó una fuente hídrica y tiene en cuidados intensivos la quebrada La Balsa, por sacar adelante el proyecto urbanístico Altos del Vergel, construido por su empresa Inversiones Getsemaní limitada.

Cortolima es abrevadero contractual de líderes de su movimiento o familiares de éstos. Y la Gobernación es su caja mayor, que sirve de plante en su campaña política.

Se lucró como senador al recibir subsidio de Agro Ingreso Seguro (como cultivador de arroz), bajo el amparo de una ley que él mismo aprobó, quitando un cupo a un humilde campesino colombiano.

¿Qué más pedir a quien dice que será gobernador como un sacrificio en su vida personal, familiar y social por el bien del Tolima?

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