A propósito de un expresidente

Expreso públicamente mi admiración por José ‘Pepe’ Mujica. Lo hago porque este uruguayo gracias a su comportamiento y coherencia logró mostrarle al planeta entero que las convicciones valen mucho más que toda la plata del mundo.

‘Pepe’ Mujica es realmente un hombre de admirar. Basta solo con escucharlo o leerlo para saber que es un humanista y ejemplo a seguir en un mundo que pareciera haber perdido su camino en términos de valores y principios.

En su histórico discurso en la ONU en 2014 contra el orden mundial le recordó al mundo la necesidad de salvar la vida como primera tarea, de luchar por la tolerancia para el contrario y distinto como fundamento para vivir en paz, lo urgente que es luchar contra el antivalor de la riqueza y el consumo, contra la pobreza y la desigualdad, contra el derroche, el despilfarro y la acumulación. Tener tiempo para vivir relaciones humanas con la familia, los amigos, la naturaleza.

Me gusta de Mujica, el hasta esta semana Presidente de una nación latinoamericana, su capacidad de criticar la política sujeta de la economía y el mercado, sin poder, entretenida, aturdida luchando por el gobierno, impotente en términos de poder hacerlo. La gran crisis que hoy vive el mundo es política: “El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre”, afirmó.

Me gusta su invitación a la batalla social por buscar un orden mundial alejado de la prisión de los grandes bancos y de las grandes corporaciones, que luche contra el calentamiento global y contra la destrucción de la naturaleza, que luche por construir una sociedad en donde prime la solidaridad, que castigue el despilfarro y que diseñe una economía que produzca bienes útiles contra la pobreza. Como no fascinarse con una persona que es capaz de acuñar una nueva definición para el pobre: “Pobre no es el que tiene poco, sino que verdaderamente pobre es el que necesita infinitamente mucho y desea y desea más y más”.

Admiro a ‘Pepe’ Mujica porque respetuosamente, sin pretensiones geopolíticas entiende la necesidad de la paz en Colombia: “Lo más importante que está pasando hoy en América Latina es la tentativa de construir la paz en Colombia. Es una de las cosas más importantes que han pasado en las últimas décadas y en todo lo que se pueda, hay que tratar de ayudar”. Me gusta que un exguerrillero afirme que la guerra es un recurso prehistórico, que hay que luchar por la paz en todos los rincones de la tierra”.

Finalmente comparto el siguiente párrafo con el que me identifico plenamente: “Hay gente que adora la plata, se mete en la política, si adora tanto la plata que se meta en el comercio, en la industria, qué haga lo que quiera, no es pecado, pero la política es para servirle a la gente. A la alta política le interesa ese cariño de la gente, algo que se transmite, que no tiene precio y que no se compra en el supermercado”.

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