Está madrugando, la gente está despertando

Existen noticias que muestran el avance de Colombia como nación, infortunadamente, en ocasiones estas no alcanzan para superar la desesperanza que se vive en el País.

La semana pasada, como se está volviendo costumbre, los deportistas colombianos le dieron alegría a la nación; la selección de fútbol de salón logro su tercer título mundial al ganar la final en Bielorrusia, Mariana Pajón ganó el oro en la contrarreloj de la Copa Mundo BMX en Manchester, por no hablar del buen desempeño individual de muchos otros en los grandes torneos de fútbol mundial o en competencias internacionales de diferentes disciplinas deportivas.

También existen miles de historias individuales de logros y emprendimientos que muestran la capacidad de los colombianos. En San Antonio me enteré que una joven agrónoma que allí conocí hace algunos años atrás hoy está trabajando en Vermont USA.

Sin embargo, las noticias sobre los delitos de corrupción de la justicia, de los carteles, las renuncias de altos oficiales en al Policía nacional, las acciones de guerra del grupo de las Farc, entre otros, hacen que los colombianos sientan que el país no va por buen camino.

Inclusive las proyecciones económicas muestran que la menor dinámica que trae la economía colombiana desde finales del año pasado se mantendrá en buena parte de este debido a la caída en las exportaciones por los menores precios internacionales del petróleo, y del bajo crecimiento del volumen de las ventas externas de la industria.

La desesperanza de millones de colombianos es cierta. Un ejemplo lo viví el pasado sábado en mi visita a San Antonio.

Allí en un conversatorio con campesinos y presidentes de juntas de acción comunal todas las opiniones se refirieron al desconocimiento que viven ellos por parte de sus representantes.

Ellos sienten que no se les ha tenido en cuenta su opinión en el postconflicto, tema muy importante y vital para un municipio que durante años ha vivido el rigor de la guerra. Otro tema que también preocupa es el cumplimiento de los compromisos de inversión adquiridos por la empresas que están construyendo hidroeléctricas en el suroccidente del Departamento.

De las opiniones de los asistentes a la reunión comprobé algo que desde hace días he venido pensando y escribiendo en mis columnas; los Tolimenses están reclamando que se les reconozca una mayoría de edad que ya tienen.

La clase política del Departamento aún no entiende la necesidad que ellos tienen de compartir con sus electores la suerte de estos, aun no entienden que la democracia representativa es mucho más que obtener unos votos para acceder a unos cargos de representación política en el antiguo esquema de la grandilocuencia y sabiduría parlamentaria.

Las gentes se están empoderando de su condición ciudadana y de no ser por los arreglos institucionales que aún superviven para mantener hegemonías políticas muy seguramente el recambio de los políticos sería mucho mayor.

La gente está despertando a una nueva condición social que cogerá por sorpresa a muchos que se creen dueños de la verdad y la conciencia colectiva.

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