¿Habrá fracking?

11 Sep 2019 - 3:01am

¿Habrá fracking?

Publicada por
HUGO RINCÓN GONZÁLEZ
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El tiempo avanza implacable, para muchos actores los nervios se crispan y cada vez se produce mayor polarización por el tema. Están los que defienden a ultranza esta opción técnica, escudándose en las cifras que supuestamente se generarían aliviando económica y financieramente al país, para ellos se produciría una segunda bonanza que llenaría las arcas vacías del Estado y la preocupación sería en qué invertir esos recursos para que no se dilapiden como en el pasado.

Para el otro sector, esta opción hay que rechazarla con vehemencia acudiendo al principio de precaución y para no impactar gravemente los recursos naturales, especialmente el recurso agua por el gran riesgo de contaminación de los acuíferos.

¿Qué crispa nervios, polariza la opinión y enfrenta a amplios sectores de la población colombiana y tolimense?, la respuesta es el fracking, que como lo anuncia una prestigiosa revista, enfrentará estos días un round clave en el Consejo de Estado para saber si finalmente se permite su uso o definitivamente se prefiere la conservación de la base de recursos naturales.

En el mes de agosto del año anterior, en los medios locales escritos y radiales se prendieron las alarmas sobre el probable uso del fracking en el bosque de Galilea por parte de la empresa Petrobras, afectando seis municipios: Villarrica, Dolores, Prado, Purificación, Cunday e Icononzo. La zona abarca 33 mil hectáreas y la afectación sería a los ríos que abastecen a estas entidades territoriales y al embalse de Prado, además que se pondrían en riesgo aves, peces, anfibios y más de 74 especies maderables.

El fracking como sabemos es un método para extraer gas y petróleo, mediante la fracturación hidráulica del suelo y ha logrado ser uno de los proyectos más polémicos, controversiales y polarizantes de debate en el momento presente.

Se espera para estos días el fallo del Consejo de Estado sobre las medidas cautelares que suspendieron esta técnica y el mismo tiene en vilo a muchos sectores por sus implicaciones jurídicas, económicas y ambientales. A nivel económico se nos erige el argumento de que en 6,2 años el país se quedaría sin reservas de crudo y en menos de diez años nos quedaremos sin gas.

Enfatizan que si se acaban estos productos, el país deberá importarlos generándose un choque fiscal gigantesco. Se dan cifras enormes como que producir los combustibles que necesita el país valdría unos 30 billones al año y con esto meten una enorme presión política al fallo que debe producirse.

El Gobierno nacional y las empresas petroleras aseguran que el país cuenta con la capacidad técnica y normativa para adelantar unos proyectos piloto que mostrarán la bondad del fracking para “producir conservando y conservar produciendo” como dice el eslogan del capítulo ambiental del plan de desarrollo, demasiado noble y bueno para creer tanta belleza.

Todas estas afirmaciones sobre la bondad del fracking se enfrentan con el dique de quienes desde el ambientalismo nos oponemos a este método de explotación. La afectación a la biodiversidad, el riesgo sísmico que implica, la contaminación del agua, el impacto sobre los ecosistemas y las comunidades de los territorios, es lo que ha buscado evitar el Consejo de Estado con las medidas cautelares.

La presión por si levantar o no las medidas cautelares se mantiene, toma cada vez más fuerza, tanto el Gobierno como las empresas petroleras aspiran a su levantamiento para que se puedan iniciar lo que ellos llaman proyectos piloto, del otro lado están los sectores que se oponen, apoyados por un informe de la Contraloría General de la República que expresa que el efecto sería catastrófico e irreversible.

Para los gremios de la producción petrolera esta decisión del Consejo de Estado es la más importante desde el punto de vista económico de toda esta generación. Coincidimos desde la otra orilla; es vital, fundamental: o abrazamos la vida, el respeto a la naturaleza, el cuidado de nuestra casa común por encima de los intereses de las grandes empresas que explotan los combustibles fósiles, o nos entregamos a aceptar una técnica que ha sido rechazada en otros países por quienes quieren conservar los recursos naturales pensando en las generaciones presentes y futuras. De ese tamaño es la decisión…

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.