Naturaleza en disputa

Las imágenes que se veían a través de las pantallas de televisión eran espeluznantes. En plena temporada seca, las llamas devoraban extensas áreas en el Área de Manejo Especial La Macarena, entre los departamentos de Meta y Guaviare.
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Los esfuerzos por controlarlas eran gigantescos y en medio de esta situación se daba un intenso debate acerca de las causas que originaban esta conflagración, que, por supuesto, no era la única que ocurría, sino que se venía a sumar a otras que sistemáticamente se vienen presentando en esta área protegida en los últimos tiempos.

Para el Ministro de Defensa era una acción deliberada que habían originado las disidencias de las Farc como retaliación por los operativos que viene realizando la fuerza pública que los combate en este y otros territorios. Los militares señalan que estos grupos traen gente a las áreas del parque, hacen quemas, tumban bosques, siembran coca y además introducen ganado, como quien dice, toda una estrategia ecocida en busca de generar unos ingresos que les permita mantenerse en la guerra absurda.

Esta es apenas una hipótesis que intenta explicar las razones por la cual la naturaleza se encuentra en disputa por diferentes sectores que no dudan en agredirla para generar ganancias económicas que los beneficien. El Espectador, trae una discusión de tres importantes investigadoras que cuestionan seriamente la creencia popular de que los pastizales para coca y ganado eran el motor del fuego en la Amazonía. Ellas manifiestan que el pulso del mercado de la carne de res promueve la conversión de bosques en pastizales para las vacas, a esta teoría la denominan “la conexión de la hamburguesa”. Además, que el ganado sirve de excusa para aumentar el valor de la tierra y expandir una propiedad.

El debate es complejo pero cada vez apunta más a que los incendios provocados en este parque natural y otros que hay en el país son una estrategia para hacer avanzar la frontera agropecuaria y que hay detrás poderosos grupos de interés que agreden el ambiente en pro de la generación de ganancias económicas.

Que los parques nacionales naturales viven una situación grave, nadie debería discutirlo, esto se ha expresado también en el asesinato y amenazas a los guardaparques como lo ha denunciado reiteradamente Julia Miranda la directora nacional de estos territorios. La situación de los funcionarios encargados del cuidado y conservación de estos ecosistemas es lamentable. Su trabajo de vigilancia y control incluye hacerle frente a la deforestación, minería ilegal, cultivos de uso ilícito y construcciones ilegales en las áreas protegidas.

Ya van más de 15 guardaparques que han sido asesinados en todo el país, la situación es tan grave que muchos de ellos han tenido que salir de los territorios para conservar la vida. En el Tolima no hemos sido ajenos a ese fenómeno de los asesinatos, solo basta recordar el más reciente de Carlos Aldario Arenas, defensor del páramo de Santa Isabel y conocido por su trabajo en la defensa de los cóndores.

Todos deberíamos saber que esta disputa por la naturaleza, especialmente en las áreas protegidas se convierte en uno de los mayores desafíos que enfrentamos. En estos ecosistemas estratégicos se produce el agua y existe una gran biodiversidad fundamental para la conservación de la vida. Es un reto enorme para el estado y toda la sociedad garantizar su conservación y cuidado, especialmente ahora que nos enfrentamos a la gigantesca amenaza que supone la crisis climática, de la cual nadie puede escapar.

Los parques naturales y todas las áreas protegidas se deben recuperar para la sociedad, garantizar su conservación y cuidado. Más importante que cualquier actividad extractiva, acción ilícita o el aumento de la frontera agropecuaria, es el cuidado de estos ecosistemas.

Debemos avanzar en la resignificación de una nueva ética y esta consiste en el cambio de una acción de agresión a una de cuidado, especialmente si entendemos que quien está en riesgo por la crisis climática es la especie humana y no el planeta, que éste seguirá girando alrededor del sol sin nosotros por millones de años.

El dilema a resolver es sencillo: agresión y disputa o cuidado de la naturaleza. Ya es hora de elegir.

HUGO RINCÓN GONZÁLEZ

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