Biden, nada nuevo bajo el sol

El difícil momento por el que pasan las instituciones estadounidenses debe poner en estado de alerta al mundo entero. Nadie sabe hasta donde los 63 millones de ciudadanos que votaron por Trump se resignarán con la derrota, máxime cuando muchos de ellos aún siguen confiados en sus denuncias de fraude.
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De que pudo haber fraude, no nos quede duda. Es imposible que quienes los propician a mares donde quiera que se piense distinto a ellos, en el suyo puedan realizar elecciones sin mácula. Lo que no se había visto nunca es que una práctica tan repudiable como esa fuera puesta en evidencia por un presidente, y que lo hubiera hecho de forma tan desmedida que terminara incitando a sus seguidores a realizar una “marcha salvaje” de protesta y, después de ella, a tomarse el Capitolio a fin de impedir que el Congreso confirmara el triunfo de su oponente. Estos peligrosos incidentes son prueba de lo corroídas que están sus instituciones, las cuales nos las hacían ver sanas sus grandes, poderosos e influyentes medios de comunicación.

A muchos nos caía mal el señor Trump, y no veíamos el momento de su salida de la Casa Blanca. Sin embargo, ello no significaba esperanza alguna de que con Joe Biden las cosas mejorarían para el pueblo norteamericano y, mucho menos, para los países que están bajo su imperio. Juan Sebastián González, hombre de origen colombiano, a quien Biden designará director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, ha dicho, por ejemplo, que “es inaceptable que (…) Maduro se mantenga en el poder”; que “ya basta del uso del diálogo por Maduro como una táctica para demorar y consolidar el poder”; que la violencia estatal sobre los opositores cubanos “es igual o peor que durante el gobierno de Bush”; que “hay que reducir los límites a remesas y viajes” a Cuba y que “la capacidad de los cubanos por determinar su propio futuro está en el interés de los Estados Unidos”.

El remate de tales declaraciones no podía ser peor: “Los embajadores estadounidenses bajo Biden, en especial en Centroamérica, van a abogar en contra de la corrupción”, a “favor de los derechos humanos” y “trabajando mano a mano con la sociedad civil”. Sociedad civil que para la Casa Blanca significa “extrema derecha”. Corrupción y derechos humanos que en el mismo lenguaje representa pretextos para intervenir a la manera de como lo están haciendo en Venezuela, Cuba y Nicaragua, entre otros.

En fin, no esperemos nada de Biden. Con él no habrá nada que no hayamos conocido en sus antecesores, y que, por lo visto, pueden agravarse.

RODRIGO LÓPEZ OVIEDO

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