De protestas a protestas

El pasado 11 de julio, los grandes medios de comunicación informaron al mundo sobre la pavorosa acción represiva desatada por el gobierno cubano contra cientos de ciudadanos que desfilaron por las calles de La Habana, y 11 municipios más, en rechazo a sus políticas.
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Claro que lo de “pavorosa acción represiva” debemos verlo como una de las tantas expresiones que los comunicadores se ven obligados a utilizar cuando el ritmo de los acontecimientos no da tiempo a la búsqueda de palabras más apropiadas. En tales casos, la precisión y la pulcritud en el lenguaje deben supeditarse a la inmediatez.

Y debemos verlo también como el ropaje que se le dio al propósito de aprovechar tal hecho para mermarle aceptación a un gobierno que no hacía mucho había conseguido en la ONU su enésimo triunfo de rechazo al bloqueo económico con que Estados Unidos ha frenado el desarrollo que Cuba se merece, el mismo que, al menos en el plano humano, es más elevado que el de muchos países del tercer mundo y de algunos otros con más desarrollo.

Pero no es solo cuestión de premura en el uso del lenguaje y de propósitos de distorsión informativa. Detrás de tales maneras de informar hay también una intensión de engaño. Cierto es que en las movilizaciones participaron cientos de cubanos y hubo acción policial; sin embargo, los cientos no pasaron de 500 personas en ninguna y la acción policial no arrojó ni un solo herido, ni un solo muerto y tal parece que ni un solo detenido.

Es bueno señalar que dos días después hubo otras 12 movilizaciones en la Isla, pero todas ellas en respaldo al proceso revolucionario, que lleva 62 años recibiendo agresiones continuas del imperio, sin que ello haya menoscabado el espíritu patriótico y revolucionario de los cubanos. A estas movilizaciones de respuesta se vincularon no ya cientos, sino cientos de miles de ciudadanos, pero, curiosamente, no contaron con el despliegue periodístico de las anteriores. Lo que conocimos de ellas fue lo que mostraron las redes y otros medios alternativos de información.   

Capítulo aparte merece el papel jugado por Iván Duque. Que este le exija a Cuba respetar el derecho a la protesta es el colmo del cinismo, sobre todo después de haber militarizado las ciudades para disuadir la protesta social y de que bajo su mandato han perdido la vida varios centenares de líderes sociales y más de 50 dentro del paro en curso. Ya nos imaginamos las sonrisitas burlonas que este demócrata uribista pura sangre debe provocar en el mundo cuando habla de derechos humanos, de protesta social y de paz. ¡Qué vergüenza!

RODRIGO LÓPEZ OVIEDO

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