De eufemismos y eufemistas

La política es una actividad de la cual el hombre no puede prescindir, pues su propósito confeso, entre otros varios, es el de alcanzar las mejores respuestas a los problemas que afligen a la sociedad. Por desgracia, ha sido también una actividad cargada de artificios, de malas intenciones y de engaños. Aunque puede haber excepciones, estas características han empañado su ejercicio en todas las latitudes y tiempos, sin que sea excepción de ello la Colombia de ninguna época. Las evidencias son tantas que dar ejemplos resulta innecesario.
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Hay, sin embargo, uno entre esos indebidos procederes del que se hace especialmente necesario hablar, pues presenta un aspecto atrayente y de aparente inocuidad, siendo que  en el fondo tiene, casi siempre, el propósito de camuflar hechos que, si se presentaran descarnadamente, sin maquillajes, sin atenuar sus reales significados y sin inducir a interpretaciones distintas a lo que realmente son, podrían producir reacciones adversas en el oyente o lector y consecuencias contraproducentes para el autor. Me refiero al eufemismo.

Nada mejor para definir este concepto que mediante algunos ejemplos, entre los cuales hay uno que causa escalofríos, y fue el presentado bajo la fina denominación de falsos positivos. Los falsos positivos fueron en realidad asesinatos de humildes colombianos por parte del Estado, a los cuales señaló de guerrilleros para generar en la sociedad la falsa percepción de estarle ganando la guerra a las FARC.

Hay otro igualmente estremecedor, el conocido por desplazamientos, y que realmente fue la expulsión del campo de campesinos renuentes a vender sus parcelas, así como de comunidades opuestas a proyectos agroindustriales, minero-energéticos y de infraestructura o reacias a aceptar el glifosato en la erradicación de cultivos de uso ilícito.

Este uso de los eufemismos se ha generalizado entre las castas que anidan en los partidos oligárquicos y sus gobiernos, pero no es exclusivo de ellos. También se observa en organizaciones políticas que les son antagónicas, aunque ya no utilizados con el solo propósito de distorsionar la verdad, sino como justificación a lo que han hecho mal, están haciendo o pretenden hacer, como son las observadas en el Pacto Histórico del Tolima, a las cuales me he referido en anteriores comentarios, y que tienen una primera intención de  esconder la vergüenza generada por la vituperable alianza con Sandra Salazar y Cambio Radical, a la que lo indujeron los Guillermo Alfonsos, los Nayibes y demás eufemistas de derecha que hay infiltrados en sus filas, y de paso, como segunda intención, evitar el éxodo de sus simpatizantes hacia otras toldas o, como lo está sugiriendo el suscrito, hacia el voto en blanco.

 

De tales eufemismos y eufemistas, líbranos, Señor.

 

RODRIGO LÓPEZ OVIEDO

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