Todos los días son también de las mujeres

No ha sido fácil a lo largo de los tiempos que la mujer gane un espacio respetable en los diferentes ámbitos, se sigue escuchando de manera discriminatoria que “se realizarán eventos donde tiene cabida la mujer”. Nada más impropio, porque el sólo hecho de expresar que allí cabe la mujer, es un pensamiento retrógrado.

Sin embargo, en muchos campos las mujeres podemos tener mejores y mayores espacios que no se llenan porque no hay interés en hacerlo y seguimos permitiendo una Ley de cuotas discriminadora, donde solamente el 30 por ciento de los cargos de primer nivel podrán ser ocupados por nuestro género, a sabiendas de que el 52 por ciento de la población colombiana es femenino.

El presidente Santos con un propósito altruista ha buscado dar relevancia femenina en su gabinete (además cumpliendo la norma); sin embargo, está en sus manos buscar que la Ley de cuotas responda a la equidad, de otra manera el pensamiento incluyente que plantea no es coherente con la realidad. Ese debe ser un propósito en su nuevo cuatrienio.

Mientras logramos una sociedad más justa, más incluyente, con un pensamiento de alto orden, a las mujeres nos corresponde ser líderes en el escenario en el cual nos desempeñemos, como madres, esposas, hijas, hermanas, ejecutivas, empresarias, profesionales de todos los campos.

Según los datos, las mujeres tenemos salarios inferiores en un 20 por ciento, con respecto a los de los hombres, siendo que las mujeres alcanzamos un nivel educativo mayor, el 56 por ciento de las graduadas con título universitario lo conforma las mujeres.

Generalmente las mujeres son renuentes a participar en la política, es por ello que de 258 congresistas, sólo 52 son mujeres.

Es grave que en los dos primeros meses del año, ya las cifras reflejan resultados de 126 mujeres asesinadas, dos mil 631 víctimas de agresiones sexuales, 735 mujeres agredidas y seis mil 269 golpeadas por su pareja, además que el 75 por ciento ha denunciado por violencia psicológica estos datos ocurridos a nivel nacional. ¡No hay derecho!

No podemos continuar con tanta pasividad ante el maltrato a nuestro género, las mujeres como formadoras tenemos la obligación de preparar y cuidar desde las familias, proteger y prevenir la violencia de la que fácilmente pueden ser víctimas nuestras hijas.

No es sencilla la tarea, pero las animo, mujeres, para que nos incluyamos en la sociedad de manera visible y decidida, para que exijamos respeto por nuestro género y para que sigamos aportando a la formación, la protección, la solidaridad y el desarrollo.

Comentarios