Me declaro indignada ante la violencia contra la mujer

Indudablemente el ser humano ha venido para ser feliz, es su más clara e importante misión. En las últimas décadas, se ha buscado estudiar desde el punto de vista científico, la felicidad. Los enamorados, los poetas, los escritores, los filósofos, los cantautores, escriben sobre el tema, pero, fácilmente, la felicidad se esquiva.

Cómo lograr individuos felices, si se forma desde el hogar con expresiones pesimistas, con incapacidad para resolver conflictos pacíficamente, con problemas económicos, depresiones, entorno familiar agresivo, taras familiares, y como si esto no fuera más que suficiente, el ejemplo equivocado que se brinda en época electoral desde algunos candidatos que a nivel nacional, departamental o municipal, son incapaces de enfrentarse con argumentos al debate y desperdician la oportunidad de oro que tienen, convirtiéndose en buitres que destrozan al contendor irrespetando la ciudadanía; aquí vale citar a Husserl: “se vuelve más fuerte que la fraseología, la argumentación política, nacionalista y social, que tienen tanto y más poder que la argumentación de la más humanitaria de las sabidurías”.

Lástima que este espacio electoral no se aproveche, entre otras actividades de alto orden, para alentar y animar a la juventud especialmente, en la recuperación de valores y actitudes que aporten a una sociedad más pacífica, más crítica constructiva, más propositiva, más feliz.

Ante las violentas noticias que a la ciudad sobrecogen: Muere una joven víctima de un disparo en el cráneo; un joven ibaguereño es tildado de “caníbal” por las lesiones personales que deja en el rostro de su exnovia, no escucho ningún rechazo a este flagelo.

Somos insensibles a noticias de hechos desnaturalizados, como si fuera la postura más cómoda o ya la costumbre nos dejara silenciados. No es posible que no reaccionemos. ¿Qué se está haciendo al interior de cada familia para evitar acciones violentas? Es preocupante que cada suceso pueda convertirse en motivo de imitación para quienes se están formando.

Gravísimo que Colombia se ubique en los primeros lugares de asesinatos de mujeres por razones pasionales. Cada tres días una mujer muere a manos del hombre con quien una vez fue feliz, y pese a la denuncia, no se logra que las Comisarías de Familia, ni las mismas familias, las protejan.

Reitero la agresividad y violencia que se vive entre muchas parejas de jóvenes, sin importar su nivel socio económico. Una prueba de ello, es el caso del joven ibaguereño “caníbal”, que de un mordisco desfiguró el rostro de su exnovia. ¿Con qué derecho? ¡No hay excusa!

Enfrentamos una crisis, hay carencia de diálogo y respeto en muchas parejas, y ante la violencia verbal, fácilmente se pasa a la física.

¿Amable lector, usted aporta al respeto y felicidad de su familia?

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