El secuestro de Salud Hernández-Mora

El secuestro de los periodistas Salud Hernández-Mora, Diego D´Pablos y Carlos Melo, por parte del Eln, ha logrado desnudar parcialmente las miserias de este país que debería estar cansado de la guerra.

Empecemos por el Eln, que comete esta torpeza cuando sigue en vilo el inicio de un proceso formal de paz con el Gobierno precisamente por culpa del secuestro. ¿Cree el Eln que el secuestro es un arma válida en un conflicto? ¿Cree el Eln que el secuestro de los periodistas lo fortalecerá en la mesa de negociaciones? ¿Acaso no se da cuenta el frente Nororiental de que está amenazando no solo el proceso con el Eln, sino también el de las Farc? ¿En qué mundo viven los jefes del Eln cuando se arriesgan a ponerle una bomba de esas a las negociaciones de paz? ¿Creen que la entrega de los periodistas –que ojalá sea pronta y sin condiciones absurdas- puede ser un buen “vitrinazo”?

Sigamos con la oposición al presidente Santos, que pesca en río revuelto y trata de aprovechar políticamente el secuestro de Salud y de sus colegas de RCN para desprestigiar la búsqueda de una solución política al conflicto armado. ¿Por qué hay voces tan ruidosas que quieren meter a las Farc y al Eln en un mismo saco? ¿Por qué quieren enlodar el proceso con las Farc, que está a punto de concluir? ¿Será que a esas voces no les importa la suerte de los tres periodistas secuestrados? ¿Por qué hacen tanta demagogia con la libertad de prensa en un país donde ese derecho está amenazado hace décadas por grupos ilegales armados, por narcotraficantes y por políticos corruptos?

Y hablemos de los que nunca faltan en este país de mentes “creativas”, aquellos que acusan a Salud de haber “buscado” su secuestro por atreverse a ir hasta una zona como el Catatumbo. O de aquellos que se dicen “demócratas”, pero se alegran de que a un opositor le pase lo que le está sucediendo a Salud. Son las mismas voces que le echan la culpa a Íngrid Betancurt por haber caído en manos de las Farc en la zona del Caguán en febrero del 2002. Esas voces son el fruto de una guerra que nos ha insensibilizado e inhumanizado a extremos increíbles.

No quiero terminar sin hablar de Salud Hernández-Mora, de quien soy amigo desde hace más de 15 años. Así no compartamos ideas políticas y dejemos a un lado ese tema en las reuniones sociales, puedo dar fe de que ella es una gran persona, una amiga como pocas y una periodista que como los otros dos colegas de RCN secuestrados merece estar libre.

Comentarios