La “coherencia” de Timo

En la última encuesta del noticiero CM& y el Centro Nacional de Consultoría, el candidato Óscar Iván Zuluaga le ganaría al presidente Juan Manuel Santos.

Lo dije en estos días por redes sociales y se me generó todo un maremagnun de respuestas a favor y en contra, dado ese tirante ambiente en que nos mantienen y nos dejamos mantener los colombianos, sin detenernos cinco segundos a pensar con calma por nosotros mismos y respirar profundo.

Lo repito. Si algo hay que reconocerle a ese señor Rodrigo Londoño o Timochenko - su alias de entonces guerrillero- es que ha mantenido contra viento y marea su palabra como máximo dirigente de esa guerrilla, hoy partido político en el Congreso colombiano, de honrar lo acordado en La Habana con el Estado colombiano.

Las cartas conocidas la semana anterior deben leerse con mucho cuidado y atención, para saber que no se trata de un simple Timochenko contra Iván Márquez (el otro ex miembro del secretariado de las Farc, también poderoso y con influencia en la entonces ala guerrerista que llaman). Pensar eso así, es quedarse con un análisis muy livianito.

Lo que hay de fondo es el cumplimiento de un documento importante, unos acuerdos y compromisos internacionales por parte de esa guerrilla en su máximo vocero. Tampoco se equivoquen, no es este un espacio para defender lo indefendible. Es decir, el pasado violento, seguramente sanguinario y salvaje del hoy Director del Partido Político Farc. No. Si tiene que pagar pues que pague. Pero sí se trata de decirle al país que ese sujeto ha sido coherente en su postura, al saber que ahora están en una dinámica distinta del juego del poder, donde los incumplimientos, las traiciones, las demoras son cosas de la cotidianidad.

Que entregaron las armas y están cobijados por otras lógicas sociales y jurídicas y, por tanto, que no pueden echarse al traste, mucho menos porque uno de sus propios ex compañeros ahora esté en el ojo del huracán por las acusaciones que se le endilgan de haber traquetiado después la fecha establecida, para no caer en delitos comunes como el narcotráfico, que quedaran por fuera de la órbita de la Justicia Especial de Paz.

Pareciera que detrás de esto hubiera en el país es una defensa de la cultura mafiosa y miren cómo es de cruel con su humor negro la vida misma: un ex comandante de la guerrilla que fue considerada uno de los mayores carteles de la droga del mundo, ahora pide que quien esté metido en el negocio de la droga pague; como deben pagar los narcos como cabezas de ese negocio sucio y abominable de estar produciendo y vendiendo drogas para enfermar mentes, cuerpos y almas de muchas personas en Colombia y el mundo.

Mientras que desde su misma guerrilla, parece que hubiese gente interesada en defender esa cultura mafiosa o que no se establezcan la veracidad de los hechos y las pruebas para culpar o exonerar a un exguerrillero como Santrich o al mismo sobrino de Iván Márquez quien ya al parecer reconoció que se dedicaba a traquetear y ahora su tío sale a semejante confrontación con sus propios excompañeros, confundiendo peras con manzanas. ¿Una actitud un tanto nerviosa no? En esa defensa, Márquez coincide con sectores de la derecha y el establecimiento, que aparecen para poner toda suerte de trabas procedimentales y jurídicas para que no se sepa la verdad y relación directa del narcotráfico y el conflicto colombiano.

Digo lo del humor negro, porque es un ex guerrillero, que se financió del mundo mafioso, el que ahora sale a llamar al respeto de lo acordado y a que se ataque esa cultura mafiosa y otro a cuasi defenderla y tratar de revolver acuerdo de paz, con coca y traquetear. Lo que deberíamos tomar todos como ejemplo es el hecho de exigir que no se arrope ni defienda esa cultura mafiosa y traqueta, sea quien sea el que se haya beneficiado.

Por ejemplo, si testimonios sobre la verdad del conflicto que hoy se reclaman vayan a la JEP u otras cortes dan como resultado irrefutable que uno o varios expresidentes del pasado reciente del país se beneficiaron o cohonestaron con la mafia y ese mundo de traquetos, pues tienen que ir la cárcel como Santrich; si generales, senadores, gobernadores, alcaldes, empresarios, periodistas o que sé yo, hicieron lo mismo, pues debe pasar igual, que se les trate, juzgue y castigue como delincuentes del círculo de los mafiosos. ¿O es que todos debemos cargar el remoquete de serlo? No señor. A propósito, ¿qué pasaría en Ibagué y el “socio” o sus socios hablarán?

–Gersan-

REDACCIÓN POLÍTICA

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