Se acaba el agua

Podría uno pensar que el título de esta columna es una exageración. Pero no. Es una simple realidad de la cual permanentemente con sus fotografías nos ilustra este periódico, sobre la realidad en el Departamento, el país y el mundo.

Es que la situación es bastante complicada. Según cifras del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas son cerca de mil 200 millones de personas las que viven en lugares del planeta donde existe escasez física del preciado líquido. Quinientos millones de personas más se aproximan a dicha situación y por lo menos mil 600 millones de habitantes más van a una situación de escasez económica, donde no se tiene la infraestructura necesaria para transportar el agua desde los ríos y las fuentes de esta a sus pobladores.

Y es que según esos mismos estudios el consumo de agua subió a un ritmo dos veces superior al del crecimiento de la población. “La escasez de agua es un fenómeno no solo natural sino también causado por la acción del ser humano.

“Hay suficiente agua potable en el planeta para abastecer a los siete mil millones de personas que lo habitamos, pero ésta está distribuida de forma irregular, se desperdicia, está contaminada y se gestiona de forma insostenible”, señala la ONU.

Indica el mismo informe que los hidrólogos miden la escasez de agua a través de la relación agua/población. “Una zona experimentará estrés hídrico cuando su suministro anual de agua caiga por debajo de los mil 700 m3 por persona. Cuando ese mismo suministro anual cae por debajo de los mil m3 por persona, entonces se habla de escasez de agua. Y de escasez absoluta de agua cuando la tasa es menor a 500 m3”, acota.

No sabemos a ciencia cierta cuándo en nuestro país, o mejor, en nuestro departamento, estemos llegando a dichos niveles, porque a ninguna autoridad se le ha escuchado mencionar metódica, sencilla y reiteradamente en dónde estamos frente a las fuentes de agua, su conservación, su producción y el consumo que hacemos de ella.

Todos son alertas, alarmas, proyectos demasiado ambiciosos con mucha cháchara o muy administrativos y de escritorio. Por eso, va siendo hora de que sepamos exactamente a qué nos enfrentamos y a qué nos vamos a enfrentar en este siglo, más allá de este 2015 que comenzó con fenómeno de ‘El Niño’.

A la gente no hay que creerla incapacitada mental o que se asustará y saldrá corriendo a suicidarse de manera colectiva si se le dice la verdad de nuestras fuentes hídricas, si se toman las medidas de rigor, se le obliga a cumplir ciertos parámetros y, sobre todo, se desarrollan campañas eficaces y eficientes sobre el uso racional de la misma, su cuidado y conservación. No hay que ir muy lejos para toparse la verdad. Dense una vueltica por la meseta cercana a Ibagué; vayan por Doima, Piedras, Alvarado y Coello, para que miren cuántas quebradas amanecieron con agua hoy, cuántas desaparecieron, cuántos nacederos quedan y cómo está el nivel de los ríos. Por invitación estuve con amigos por allí hablando con finqueros y ganaderos y el panorama es aterrador. Sin agua que desarrollo, que turismo, que crecimiento, que prosperidad y que nada.

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