Días para reflexionar

Esta que comienza es una semana que nos puede servir a todos para reflexionar como sociedad frente a todas aquellas cosas que nos parecen importantes, que sentimos como transcendentales y que serán cruciales para el futuro. Una de ellas tiene que ver con el respaldo que sin duda alguna debemos dar a los diálogos que el Gobierno adelanta con la guerrilla de las Farc en La Habana, en busca de llegar a un cese del conflicto armado que lleva más de 50 años en el país. Entre mantener un conflicto y no tenerlo, creo que la salida lógica es no tenerlo.

Claro que en eso debemos ser responsables y recordar todos los días, en todos los escenarios, hasta el cansancio de nuestras gargantas y mentes, que con la sola firma de los acuerdos no llegará la paz.

Se aporta un ladrillo para conseguirla, pero solo uno. El resto de los ladrillos deben pasar por la lucha contra la pobreza extrema, el hambre, la inequidad social y económica que existe actualmente, el freno a las ganancias exageradas de la banca y las multinacionales que explotan los recursos naturales del país; el invertir de manera real en la educación pública y gratuita para todos, mejorar el sistema de salud y depurar la que podría ser la putrefacta rama judicial, cuya punta del iceberg, que todo el mundo sospechaba y conocía, asomó con el caso del magistrado Jorge Pretel y los 500 milloncitos que al parecer pidió para arreglar un fallo de tutela.

Trabajar más en educación, cultura ciudadana, valores, ética, moral y códigos deontólogicos debe ser una prioridad porque es la única manera en que tendremos nuevos ciudadanos para construir un mejor país con mejores condiciones para la paz verdadera y real.

Tendremos verdaderos líderes en todos los sectores, es decir, personas que por su comportamiento excepcional son dignos de imitar y seguir, y no los mal llamados “líderes” de hoy que son verdaderos gamonales de la política electoral, jefes, amos, compradores de conciencia con dinero y puestos, multiplicadores de malas prácticas en lo público y la politiquería electoral, enfermos mentales y putrefactos de alma y conciencia apegados a las pequeñeses del poder y los halagos.

Es esta Semana Santa un momento ideal para actos de conciencia y reflexión personal frente a lo que nos conviente a todos, lo mejor para nuestros hijos y las futuras generaciones, haciendo caso omiso a los cantos de sirena y promesas mentirosas de las voces que hoy se escuchan por doquier en esta época electorera, que provienen de los mismos de siempre, quienes harán lo mismo que siempre.

También, es un buen momento para ponernos en paz con nosotros mismos, escuchar nuestra voz interior, repasar lo andado, enmendar rumbos, trazar nuevas metas, adelantar tareas y finiquitar procesos. La Semana Santa por su doble condición de escenario altamente religioso y días de descanso laboral, es un espacio propicio para revisiones personales con calma. Que estos días santos nos sirvan a todos en lo individual, familiar y social para una profunda reflexión, al igual que para sentirnos parte de la naturaleza misma.

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