Menos politiquillos, más gerentes

En la actual dinámica de Ibagué con factores positivos y negativos como ser un municipio pequeño que comenzó a dar pasos firme para convertirse en ciudad intermedia real, es hora de reclamar que la próxima persona que ocupe el solio de don Andrés López de Galarza sea un gerente y no un politiquillo o un caudillo de vieja rancia.

La historia de la ciudad ha demostrado que quienes han sido formados en la esencia del caldo de las castas políticas y politiqueras de antaño, de quienes llevan 20 o más años en el fragor electoral, les ha quedado grande gobernar, generar gobernanza, trabajar por metas y objetivos estratégicos, dar resultados en el corto, mediano y largo plazo para superar las dificultades que atraviesa este Valle de las Lanzas.

Está sobradamente demostrado que están hechos para la manzanilla, el escándalo, el discurso veintejuliero, el caraqueo en los medios de comunicación, pero no para la gestión en administración pública y los indicadores.

En la coyuntura de Ibagué como centro de comercio, de acopio de víveres y abarrotes de los municipios del Tolima, de parte de Caldas, Huila y hasta Caquetá, centro de pequeños y medianos negocios del sector maquilador, de las telecomunicaciones, universitario, agroindustrial, lugar de descanso de los capitalinos los fines de semana; con un crecimiento en la cota de servicios públicos, construcciones comerciales y de vivienda para todos los estratos sociales se requiere un planificador del territorio, un urbanista, un ejecutivo, alguien que maneje prospectiva y que tenga la característica del gerente líder con sentido social, humilde y curioso.

Los bochincheros, arrabaleros, alaraquelos, pendencieros, politiqueros y oradores de falacias han demostrado ser un error con contumacia para mejorar las finanzas públicas cuando han estado en el ejecutivo, en superar las dificultades reales, dar soluciones a las necesidades de los habitantes, combatir a la delincuencia y trabajar por la seguridad ciudadana.

Por eso, esta es una buena oportunidad para estudiar sus hojas de vida, sus estudios, sus realizaciones, lo que dejaron al pasar por la administración, sus propuestas de gobierno, sus compañías y respaldos para no volvernos a equivocar en el corto plazo.

Todos los que tenemos la oportunidad de expresar nuestras opiniones en los medios de comunicación y redes sociales, en la academia y el mundo empresarial, debemos hacer un ejercicio de pedagogía política para estimular en los ciudadanos el voto a conciencia y pedir que se tomen dos minutos para indagar sobre los aspirantes a reemplazar al actual mandatario.

Que se den cuenta que el tamal, la lechona, el mercado, la teja o el contratico a tres meses para el hijo o la hermana, los 50 mil o cien mil pesos por el voto de octubre, es el pago que les hacen por adelantado para robarse la plata del erario público y no pavimentarles la vía que da acceso al barrio, no mejorar la seguridad, no buscar promocionar la ciudad para que nuevas empresas vengan a abrir sus puertas y generar empleo, no trabajar por mejorar el grave problema de acueducto, por tapar los huecos, por solicitar un plan de choque en salud para que no sigan cerrando unidades de urgencia en los hospitales, construir las vías proyectadas hace 20 años, dar más espacios al peatón y a las ciclas, descaotizar el tránsito.

Por tanto, no le podrán echar la culpa a nadie ni buscar responsables de los problema de ciudad a nadie distinto que a ellos por recibir las lisonjas. Que es posible transformar una ciudad como la nuestra en cuatro años, miren a Montería, Villavicencio, Neiva, Valledupar. Solo se necesitan al frente menos politiquillos y más gerentes.

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