Corzo: ¿la fiebre en las sábanas?

Juan Manuel Corzo, presidente bocón del Congreso ha terminado por convertirse en símbolo de la decadencia de la política.

Aunque este tipejo merezca el agua sucia que le echan, yo prefiero dedicar esta columna a comentar el mal manejo que la prensa hace de este tipo de escándalos. Porque igual de positivo es que los periodistas denuncien, como necesario que sepan hacerlo.

Corzo no merece ser presidente del Congreso. Ni lo merecían sus varios antecesores con líos de corrupción, cuatro de ellos (dos tolimenses, un huilense y otra de Girardot), con votos en el Tolima, por cierto. ¡Cómo sería la seguidilla de cabezas funestas del legislativo, que Armando Benedetti, príncipe de la política sin sustancia, ha terminado por ser un modelo de buen político!

Pero ojo. En las declaraciones de Corzo hay cosas estúpidas, cosas perversas y cosas impopulares. También hay disculpas. Y algunos gestos de genuina franqueza. Y lo mejor sería distinguir. Me parece, por ejemplo, que merece ser severamente cuestionado por pedir una inmunidad absoluta contra los congresistas, en un país que necesita depurar una actividad política corroída por las mafias.

Y esperaría que el señor y su partido pierdan buena parte de su capital político por esa tenebrosa propuesta, y que se investigue si con ella se ha querido favorecer a personajes concretos envainados. Pero puede que Corzo simplemente esté queriendo ganar amigos entre la clase política en abstracto. Y que no sea un mafioso, sino un defensor de oficio de politiqueros, sin intereses ocultos en esa defensa. Y en ese caso, debería pagar un costo político. Punto. Probablemente sea más que eso, en todo caso. Y bienvenido el escándalo en su contra por este tema.

Pero se le cuestiona más por otras cosas menos importantes, pero más llamativas. Periodistas felices con la papaya que el tipo da, van a hacer una “Corzatón” porque dijo que los congresistas tienen derecho a un subsidio para la gasolina.

La declaración era tonta, y el tipo pidió perdón. Pero no me parece que sea pecado que los congresistas tengan un buen salario y les paguen un carro con todo y chofer y gasolina. Y creo que ese debate es sesgado. Que si les deben pagar asesores a los congresistas, que si pasajes a sus regiones, que si un túnel para ir de las oficinas a los salones de sesiones, que si sueldo de ministro, que si tal o cual cosa. Pues sí. Que ganen salarios altos y tengan recursos para hacer su tarea. El verdadero debate es cómo usar esos recursos. Y cómo hacer para que las bancadas de partido sean las que organizan esos recursos y las que sean juzgadas por el resultado, y no los parlamentarios individuales.

Y voy más allá. Que el tipo salga a decir cosas ultraconservadoras contra el aborto no me parece razón suficiente para deslegitimarlo como parlamentario. Claro que lo cuestiono políticamente por eso. Me parece un cavernícola. Pero acepto que representa ideas que tienen derecho a esa voz retrógrada.

Dejemos de creer que la pésima calidad de nuestra democracia se va a solucionar si satanizamos cualquier defensa del Congreso, o si hacemos que declaraciones tontas o perversas sean juzgadas como si fueran lo mismo. O que los congresistas como individuos sean el foco de atención, y no sus partidos, el ejecutivo que negocia con ellos, o los intereses económicos que ellos defienden y quienes están detrás de esos intereses.

ÓSCAR SÁNCHEZ

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