Finalmente, algo importa la ideología

Hay maneras diferentes de juzgar en política. La ideología sigue siendo un criterio prioritario. Y la alcaldía de Bogotá, en medio de una competencia brutal de encuestas y chequeras, ha permitido identificar quiénes confían más en la mano dura, y quienes en la construcción de oportunidades.

Quiénes en los subsidios para paliar la miseria y quiénes en la educación para superar la inequidad. Quiénes están dispuestos a perdonarlo todo, menos las restricciones a los intereses de los empresarios que cazan rentas públicas. O a los intereses sindicales que quieren monopolizar esas mismas rentas.

Un Aurelio, digamos, no ve sino amenazas en el mercado. Y un Antanas ve al contrario. Antanas es tan neoliberal, que con tal de no untarse de una visión de izquierda, se alía con Gina en lugar de hacerlo con Petro. Digamos que Mockus no fue suficientemente de derecha para aguantarse una alianza con Uribe, como la que sí hizo Peñalosa con gusto, pero sí le alcanzó para unirse a Gina, que se puede haber distanciado finalmente de Uribe, pero fue sobre los hombros de ese jinete que hizo su carrera política. Y que al fin de cuentas da más garantías de ser promercado que Petro.

Ni hablar de los medios, que publican e interpretan encuestas buscando sacar a unos de la contienda, meter a otros y decidir cuándo ganar es ganar y cuándo ganar es estar empatado. Un buen día Gina es la opción y otros con números parecidos, como Luna o Galán, desaparecen. O cuando gana Peñalosa, Peñalosa gana; y cuando gana Petro, hay un reñido empate. No hay que olvidar que nadie consintió tanto con pauta oficial a los medios como lo hizo Peñalosa cuando fue alcalde.

Y lo que viene. Angelino (y otras cuasiizquierdas), quieren apoyar a Petro. Pero no debería extrañarnos si a Carlos Fernando Galán el presidente Santos le está ofreciendo cuanta cosa para que se retire y apoye a Peñalosa. Pobre muchacho, tan joven, y ante el dilema de mantener su apuesta ahora, o postergarla. Y entre hacerlo por fuera de la colación de Unidad Nacional o plegarse. Me atrevería a apostar que si decide retirar su candidatura, lo veremos muy pronto en el gobierno de Santos, o encabezando una lista de Unidad Nacional al Congreso.

 Y eso, que vale para los poderosos, vale para la gente del común. Hace dos meses la intención de voto en estratos altos y bajos estaba repartida. Ahora es más simple: los pobres votarán por Petro, mientras los de mayor ingreso lo harán por Peñalosa. Y la alianza con Uribe le ha ayudado a Peñalosa a atraer a los más pobres entre los pobres, que aman al expresidente, porque el paternalismo y el autoritarismo seducen a nuestro pueblo llano. Pero en los estratos dos y tres, la mayoría que entiende que puede salir adelante con algo de ayuda, ya ni Uribe logra contrarrestar el sentimiento de izquierda popular bogotano.

Quienes nunca nos nos hemos comido el cuento de que las ideologías ya no existen, tenemos que decirle a la gente que juzgue por orientaciones filosóficas y de economía política. Por ideas macro. Yo soy de una izquierda radical en los principios (hay que gobernar para la equidad) y moderada en los medios (lo público y lo privado deben cooperar, bajo tutela estatal). Y por eso me gusta Petro y no Aurelio, ni Gina. Y mucho menos Peñalosa.

ÓSCAR SÁNCHEZ

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