¿Cabemos 7.000 millones?

La población mundial sigue creciendo. La semana pasada el Fondo de Población de las Naciones Unidas anunció que hemos llegado a siete mil millones.

Y la tendencia en los países más poblados no cede. Al parecer, llegaremos a los 10 mil millones antes de que se equilibren las tasas de mortalidad y natalidad. Y deberíamos caber. Tengo amigos ambientalistas que sostienen que no. Que hay que hacer algo para reducir de manera drástica y urgente el ritmo de crecimiento de la población.

Hay incluso teorías que sostienen que la tierra sabrá cobrar venganza del sobrepoblamiento que amenaza sus equilibrios naturales, y que los desastres naturales se encargarán de hacer los ajustes que las sociedades humanas no seamos capaces de lograr.


Pero por ahí no es la cosa. Efectivamente, si los indios y los chinos deciden llegar a los niveles de consumo de las naciones desarrolladas para toda su población, si son dos mil millones de siete mil o tres mil millones de 10 mil, de cualquier modo, se requerirán dos o tres planetas para proveer esos niveles de consumo. Y sólo tenemos uno. Y además, vamos a ser más de cualquier modo.


América Latina, con el ocho por ciento de la población mundial y un vasto y rico territorio, tiene menos densidad y más recursos que otras regiones. Aunque el mundo se salvará o se perderá en conjunto, aquí tenemos mejores elementos para pensar la sostenibilidad de nuestra población que en Asia o África.


Los latinoamericanos, si bien diversos, tenemos bastante en común. Y tenemos problemas de desarrollo, pero en conjunto, con un pequeño esfuerzo para mejorar la distribución de la riqueza y las oportunidades, podríamos rápidamente ofrecer condiciones apropiadas de bienestar a nuestra gente, sin quedar convertidos en un desierto.


Bien podríamos liderar el debate mundial, plantear modelos a seguir de poblamiento, economía, manejo de recursos  y desarrollo humano. ¿Por qué no lo hacemos?  El próximo año se realizará la nueva Cumbre de Río, 20 años después de la original reunión, que marcó un hito en la conciencia global sobre los límites del crecimiento económico y la disponibilidad de recursos.


Ahora hay que plantear una agenda que vaya más allá de la conciencia y los discursos, hacia las decisiones. En la pasada cumbre de Copenhague hubo un intento fallido. Brasil, por ejemplo, se jugó un fuerte liderazgo allí. Peor no hubo ni un bloque latinoamericano, ni Colombia jugó un papel fuerte.


Ahora, podríamos apostar a más. Así lo viene pensando un sector del gobierno, pero otros sectores parecen pensar que las locomotoras no deben ralentizarse por consideraciones ambientales.


Claramente, este es el momento. Estamos elevando nuestro perfil diplomático. No somos tan pequeños para ser insignificantes. Y en cambio, somos un país de tamaño y población mediano, con un Amazonas bien conservado, mucha agua y una inmensa biodiversidad, en una región del mundo favorable.


¿Sabremos aprovechar el momento para proponer una manera de vivir en el mundo en la que todos quepamos?.  No va a ser fácil, a menos que entendamos nuestra posición estratégica y la necesidad de tomar decisiones innovadoras. Y proyectarnos como país modelo de un nuevo tipo de desarrollo realmente sostenible en materia ambiental, económica y política. Un lujo que pocas naciones se pueden dar.  


Quizás 10 mil millones en 20 años sean demasiada gente para el mundo, pero en América Latina, y en especial en Colombia, deberíamos caber todos los que estamos, y algunos más. Una oportunidad.

ÓSCAR SÁNCHEZ

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