La magia de las vacaciones

Finalmente pude leer a Patrick Modiano, el último premio nobel. Francés. Qué lucha. Qué angustia no poder leerlo como se leen tantos galardonados de los cuales es relativamente fácil encontrar sus obras en las librerías. O ya se tiene conocimiento de ellos.

Pocos han sido los escritores reconocidos para quienes el premio es apenas la ratificación de una calidad incontrovertible. Como Gabriel García Márquez, por ejemplo. Pero últimamente los premiados son casi desconocidos en áreas idiomáticas distintas a la suya, y a partir de la designación comienza una carrera contra el tiempo para poner a punto la traducción de sus obras y saciar así la curiosidad de los lectores.

Padecí el síndrome de la abstinencia del lector, que muchos no comprenden, que me puso frenético y molesto con el medio por no disfrutar la facilidad de tener los libros a la mano con la rapidez con que yo creo tener derecho a ellos.

Durante dos meses fui casi todos los días a la Panamericana en busca de noticias sobre alguna obra del francés. Nada.

A finales de noviembre llegó la novela “Dora Bruder”. La adquirí de inmediato. La devoré enseguida y quedé con sed, insatisfecho. Es, en verdad, una novela representativa de ese estilo particular con que Modiano nos mete en su cuento de novela policiaca y es al mismo tiempo social, de investigación y de historia, su manera de presentarnos una realidad social y política a través del drama de seres insignificantes, comunes y corrientes. Pero necesitaba más.

Viajé a Bogotá a principios de diciembre, con el síndrome aún temblándome en las manos, y en la librería Lerner pude por fin saciar esa necesidad.

Fue cuando inicié con mi hijo mayor, mi nuera y mi nieto el periplo de nuestras vacaciones junto el mar.

Los libros de Modiano que llevé a la playa son dignos ejemplos del estilo del Nobel. Ya junto al mar Caribe me metí en “Un pedigrí”, “Villa Triste” y “La hierba de las noches”, que siguen más o menos un orden cronológico de producción y publicación.

El calor me puso a sudar y mi sudor resbaló hasta las páginas, pero luego la brisa me calmó poco a poco aunque dejó rezagos de arena entre las hojas.

“Un pedigrí” tiene la misma magia de “Dora Bruder”, lo que implica descubrir la historia a medida que aparecen los datos de la investigación. Revelan la vida tétrica de la ocupación nazi a París con fuerza inusitada. “Villa triste” y “La hierba de las noches”, me gustaron más, tal vez porque las dos se desenvuelven como una novela tradicional.

Así copó la magia de mis vacaciones junto al mar la magia del Nobel. Por eso recomiendo su lectura.

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