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Lo que no acabó la Inquisición

La Inquisición no acabó con la libertad del espíritu. Por más científicos y artistas que llevara a la hoguera en su demencial intolerancia, siempre el derecho a soñar un mundo menos incomprensible prevalece a lo largo de la historia.

Ni siquiera el afán de acabar con la obra de un mártir de la ciencia como Giordano Bruno (1548-1600), que fuera quemada por orden del papa Clemente VIII, y el sacrificio del propio autor en febrero de 1600, logró ocultar ese afán de libertad del hombre.

Precisamente la obra de Giordano Bruno le sirvió al italiano Renzo Sicco para escribir una obra de teatro bajo el título de “La última noche de Giordano Bruno”, en la cual plantea un paralelismo de épocas donde la vida actual de la globalización está permeada por la misma actitud inquisitorial del Renacimiento, cuatro siglos después.

Entre nosotros la poeta Myriam Castillo Monsalve retoma la obra de Bruno y elabora un poemario interesante bajo el título de “Cena de miércoles de ceniza” (2015).

Es posible que muchos lectores de Myriam no conozcan a Giordano Bruno ni hayan leído sus obras (entre otras “Universo y mundos infinitos”, 1584, o “La cena de las cenizas”, 1584) pero en los poemas se siente el hálito de aquel transgresor de las ideas rígidas de su época y de cómo el conocimiento del cosmos y las ciencias ocultas, generan ese sueño de libertad tan inherente a la condición humana.

También es posible que perciban su sacrificio, sientan la hoguera que apagó su vida mientras los jerarcas mantenían incólume su postura aristotélica de dioses terrenales. Igualmente entenderán que no son brujos ni brujas quienes avizoran otros mundos.

Myriam se adentra con sutileza, compenetrada en esa simbiosis que es necesaria cuando se hace literatura sobre literatura, en las ideas de Bruno para darnos su visión y su sensación de vida abierta mundo.

Por eso escribe en su poema que da título al poemario, “III Cena de miércoles de ceniza”, “¿Giordano una amenaza? / Vive en un paraíso / que no existe / su sed de hambre la calma / con unidad infinita / todo es dual / lo afirma el Estagirita / mientras el oscurantismo / viaja a la deriva”.

Y por eso también exclama en su poema XI, “Arte de memoria”, “Inevitablemente / la impaciencia crece / las palabras / bordean asnalidad / poderes cósmicos / alcanzan / montañas / calles / ciudades / seduciendo / el arte de memoria”.

He leído dos veces este poemario de Myriam. Y sé que hay que leerlo con tranquilidad para percibir en toda su dimensión los treinta y un textos en los que crece la desolación pero, al mismo tiempo, la esperanza.

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