Mi grano de arena

Cada vez nos acercamos más a la desesperanza. Pareciera que fuera insoluble este estado espiritual en el que sólo el aporte personal puede convertirse en el imperativo sin el cual se logre el bienestar que buscamos como nación y como individuos.

Yo creo que hoy en día es más necesario el aporte de cada quien en su propio entorno para mejorar la vida, que la parafernalia que han montado gobierno, medios e instituciones en procura de la paz, en la que se han invertido ingentes cantidades de dinero y con resultados apenas mencionables.

Este sería mi grano de arena. El aporte personal es definitivo. Yo, por ejemplo, comenzaré por no volver a ver los noticieros de los medios comerciales de televisión. Ellos lo que han hecho a lo largo de estos años ha sido desinformar, envenenar el espíritu de los colombianos con la reiteración de los asesinatos cotidianos, la imposición como personajes de los delincuentes de cuello blanco, los asesinos y las bandas delincuenciales en general, tapar con espectáculos los atropellos contra la sociedad. Con esta actitud han logrado adormecer la capacidad de asombro y de reacción del pueblo colombiano.

Como si matar y robar fueran actividades cotidianas necesarias. Como si inocular el odio y la desesperación fuera una labor patriótica.

Uno termina de recibir la dosis de noticias diarias y sale a la calle con un deseo inconsciente de acabar con alguien, de vengarse de este no futuro, de considerar a los demás culpables de la desdicha general. O acabar consigo mismo.

Para completar, los seriados son la exaltación de los ladrones y asesinos. Los héroes que nos impone la repetición son delincuentes de toda laya y el resultado es la propensión a la vulgaridad y al consentimiento de conductas indeseables para asumir nuestros compromisos con la vida.

Entonces lo más sensato ha de ser no volver a ver esos programas que nos inoculan el odio y la necesidad de venganza, el culto a escorias como paladines de la democracia. Yo voy a cambiar de canal para no ver esos noticieros y no seguir recibiendo la dosis de veneno que me hace despreciable y despreciar a los demás.

También he decidido contenerme frente a las equivocaciones de los otros. Tener paciencia con los resultados en mis diarios enfrentamientos con la convivencia, ser tolerante con quienes dejan de atenderme, exigir con energía el cumplimiento de los deberes del Estado para conmigo sin lastimar a nadie y mejorar el clima social con una actitud positiva frente al mundo.

Sólo así podrá la sociedad lograr el clima necesario para avanzar hacia el progreso.

Si cada uno se compromete con asumir conductas similares, nuestro aporte será el grano de arena para derrotar la muerte.

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