Una desgracia

En este país, y en esta época, es una desgracia ser una persona de edad. Ya no somos ejemplo para las nuevas generaciones, ni nuestra sabiduría es requerida por nuestros semejantes para la menor consideración.

Viejos imbéciles, solo servimos para chupar gladiolo, como dicen por ahí.

Primero están los eufemismos: que tercera edad, que jubilado, que viejo cacreco, que anciano venerable, que próstata ilustre, que capador de cementerio, dichos con el mismo desprecio con que se señala lo peor de la sociedad.

Después están las opiniones internacionales, como las de la señora Christine Lagarde, quinceañera por demás, flamante directora-gerente del Fondo Monetario Internacional, quien hace poco ha dicho que los viejos somos un peligro para la estabilidad económica de nuestros países.

Y si lo dice el FMI… palabra de Dios.

Terrible carga la de estos viejos cacrecos, de estos insoportables pensionados que lo único que hacen es estorbo.

Luego sigue el plano nacional donde, según dicen los chismosos, el flamante Ministro de Hacienda, que para su fortuna nunca será viejo ni padecerá necesidades, en la reforma tributaria, de esas que nunca se volverán a presentar (palabra de político) pero que él ha presentado al honorable Congreso, quiere la tajada del 11 % de las mesadas pensionales como retención en la fuente para completar quizás los magros ingresos de los políticos, tan necesitados ellos, o para algunos programitas sociales que pueden quedarse en el tintero por falta de recursos.

Por ahora eso, porque sabemos de la obediencia del Estado con el FMI y tal vez se esté maquinando acabar con el embeleco de las pensiones o eliminar a los viejos a punta de hambre, desprecio o a través de errores inducidos en las EPS.

Tristes intenciones contra quienes lo dimos todo en nuestra vida laboral, pagamos los impuestos que nos correspondieron, contribuimos con el progreso de la Nación y nos ganamos el mítico derecho de una pensión para que el gris de los últimos años fuera menos duro de lo que quieren abanderados del neoliberalismo como él.

Esta actitud de quienes se robaron el Seguro Social, han aniquilado las empresas del Estado y han evadido el pago de sus obligaciones a punta de legislaciones amañadas, vengan ahora a succionar de nuestros derechos adquiridos dizque la estabilidad de la economía nacional.

Ojalá que aquellos con voz y voto eliminen estas intenciones oscuras y, por el contrario, se apruebe la promesa del Presidente (¿sólo electorera?) de reducir el aporte de los pensionados a la salud porque no es justo que ahora tengamos que fungir de empresarios para que las EPS se roben, como lo han hecho hasta ahora, nuestra contribución a nuestra salud.

A menos que esa sea la estrategia.

Y los viejos sin pensión… ¡qué desgracia!

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