Iguala, proclama y cementerio

El 24 de febrero de 1821 se firma en Iguala, hoy Guerrero, la Declaración de Independencia de México, ofreciendo tres garantías fundamentales: la Religión Católica como única creencia de fe, la Unión de todas las clases sociales en esa tierra mestiza y la Independencia, como enrevesada declaración pues se ventilaba la posibilidad de que México adoptaría la monarquía bajo Fernando VII (como le grit

El 27 de septiembre de 1821, el ejército llamado Trigarante entró a la Ciudad de México comandado por Agustín de Iturbide, que se declararía Emperador y terminaría fusilado como traidor a la Patria cuando el México en construcción, se proclamaba República. Casi dos siglos después quienes veían en el mapa de México como un inmenso cuerno de las abundancias, se resignan a considerar que el mapa tiene la forma de un diván de psicoanálisis.

Sabemos que en Iguala era presidente municipal (Alcalde Municipal) -hoy prófugo- era un antiguo vendedor de sombreros de palma que se convirtió en cacique, poderoso y pudiente de la mano de su esposa, hermana de tres lugartenientes de un importante cártel de la droga y ella misma con aspiraciones políticas-también prófuga— no caminaban por las calles de Iguala, sino andaban en camionetas custodiadas. Sabemos también que el Gobernador del Estado de Guerrero, padrino político y mentor del mencionado alcalde, declara tener la conciencia tranquila, aunque no duerme por el peso del inmenso problema que aqueja a la población y territorio que gobierna, junto con el crimen organizado. ¿Cómo se puede tener la conciencia tranquila sabiendo que hay 43 jóvenes normalistas desaparecidos, y que la repentina aparición de fosas clandestinas? ¿Cómo se puede calmar la conciencia cuando consta que el prófugo alcalde de la tercera ciudad en tamaño e importancia del estado había sido acusado de homicidio y no se había hecho nada? De las tres garantías con las que se empezó la construcción del México sería provechoso redefinir o modernizar sus posibles etimologías: aunque sigue reinante la religión católica, y el incuestionable guadalupanismo, hemos de aceptar la diversidad de otros credos (incluyendo el neocristianismo brasileño o el narcosatanísimo culto a Malverde, Santo Patrono de los Narcotraficantes o a la Muerte Misma,), pero también el culto al dinero que provoca pánico ante el mínimo anuncio de su crisis.

De la Igualdad como garantía del México que nacía hace dos siglos es necesario volver al diván del autoanálisis y aceptar que aún hoy la palabra Indio es como insulto, y que a cualquier estudiante o maestro normalista que salga a la calle para defender los “derechos humanos” se le puede etiquetar de revoltoso, vándalo o delincuente sin justificación y que no puede haber Igualdad en la bandera de un país con 50 millones de pobres, un centenar de multimillonarios o simples millonarios y una cada vez más frágil franja de eso que llamaban clase media en un vasto territorio cuyo control o co-gobierno es compartido con ocho o 10 grandes grupos llamados cárteles.

ROBERT SHAVES FORD D.

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