Bye, bye, Obama

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Ha terminado la era Obama. Si le fuera posible dimitir, se lo pensaría. Son rasgos de las actuales crisis mundiales: pérdida de liderazgo, ausencia de referentes y la capacidad de consunción de mensajes y discursos políticos y sociales.

Las elecciones legislativas son una derrota de Obama y de una manera de (no) entender la política. No comprendió que en 2008 fue elegido por ser el candidato de la esperanza, y se esperaba corrigiera las desviaciones que habían colocado al mundo al borde del precipicio.

Las guerras de Afganistán e Irak, heredadas del 11-S, lo colocaron en una posición difícil Su personalidad introvertida no le permitió hacer acuerdos políticos. Es un gran orador, pero un pésimo presidente.

Obama solo tenía un camino al llegar al poder, tras la degradación moral por la acumulación de crisis (militar, política, y económica): enfrentar, asumir y gobernar.

La falta de firmeza y la confusión del Gobierno de Washington ha hecho que amplias capas de la población hayan perdido la fe en votar por él y por los demócratas.

Para América Latina se abre otro proceso porque quien quiera sustituirlo, deberá entender que llegó el momento de abrir el diálogo con las Américas que han ido viendo como el miedo, la insensibilidad o los problemas domésticos estadounidenses han castigado a los indocumentados.

El “olvido” de Barack Obama es fundamental para determinar las elecciones presidenciales de 2016.

Obama entiende las formulaciones políticas, pero nunca ha querido aprender qué hacer para cumplir sus promesas. Tras seis años en el poder, no ha conseguido desarrollar el arte de lo posible, es decir, la política.

Con las negociaciones de paz en curso en Colombia, la reestructuración profunda de la política de Brasil, el problema de la impunidad planteado en México y con la situación de violencia que vive Centroamérica y el aislamiento de una parte de Surámerica, Estados Unidos necesitará articular una conversación, con presupuestos diferentes.

La inexperiencia de un hombre que solamente tenía tres años en el Congreso y fue un gran orador, ahora, frente al desastre electoral, el silencio del gran comunicador resulta curioso.

ROBERTO SHAVES FORD D.

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