Seguridad y libertades...

Ni las 192 víctimas mortales del 11-M de 2004 en Madrid, ni las 52 del 7-J de 2005 en Londres; ni siquiera los 2.973 muertos del 11-S de 2001 en Nueva York, Washington y Shanksville (Pensilvania) lograron una concentración de tal magnitud de dirigentes políticos del mundo como los 17 fallecidos -12 de ellos caricaturistas de “Charlie Hebdo” de estos trágicos días en París. Es un síntoma muy significativo del estado de ánimo con el que los gobiernos -y también la sociedad- están respondiendo a los asesinatos: más unidad que nunca frente a la barbarie yihadista, porque el mal está dentro y, en estos momentos, da la impresión de estar en buena parte incontrolado. Esas 54 horas de pánico en Francia han desembocado en lo que podemos denominar sin duda la primera gran manifestación unitaria europea. Porque políticos y ciudadanos salieron a la calle para defender los valores básicos de la civilización occidental.

El Gobierno francés dijo que la manifestación fue la mayor que se ha celebrado en París desde la liberación de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial. Más de millón y medio de personas, según algunas fuentes, arroparon a las decenas de autoridades que rindieron testimonio a las víctimas y manifestaron su repulsa al terrorismo. En París se dieron cita primeros ministros europeos y los más altos representantes de las instituciones comunitarias, pero también dirigentes del mundo musulmán, como el rey de Jordania o el líder palestino Abu Mazen o el primer ministro turco, Ahmwet Davutoglu. También acudió el israelí Benjamin Netanyahu.

Esa misma amalgama de credos y culturas se vio en los centenares de miles de ciudadanos, que marcharon con el único grito de ‘Je suis Charlie’, lema que se ha convertido en el más difundido en la historia de las redes sociales, lo que dice mucho de la tremenda conmoción que han causado los sucesos de París en todas las sociedades y no sólo en el ámbito político. Los ministros del Interior que se hallaban en la capital francesa se reunieron antes de la manifestación para tomar las primeras medidas de respuesta. Acordaron aplicar «controles profundos» en las fronteras, aumentar la cooperación policial y judicial y atacar la difusión de los mensajes terroristas en internet, para lo que se establecerán conversaciones con las grandes empresas del sector. Esta iniciativa lleva paralizada en el Parlamento Europeo desde 2010 por la negativa de los partidos “progresistas” al considerar que atenta contra la libertad individual.

Cómo conseguir aumentar la seguridad ciudadana sin cercenar en lo más mínimo las libertades. Es el debate que volverá a primer plano tras el atentado de París. Y los gobiernos democráticos deberán hilar muy fino en sus propuestas y medidas, porque retroceder en la defensa de los derechos fundamentales supondría, a la postre, un triunfo de las tesis terroristas. Y nuevos atentados podrían espolear los movimientos ultraderechistas y xenófobos que están surgiendo en Europa. La encrucijada es tan problemática como brutal el terrorismo que la causa.

Comentarios