Los socios del silencio

Mezclando la mística de Nicolás Maduro y la fría realidad de la economía, el problema del gobierno venezolano es que Chávez subió al cielo y el petróleo bajó del cielo.

Mientras el precio internacional del crudo danzaba en alturas, el comandante de la revolución bolivariana podía reinar cómodamente en Venezuela y financiar la construcción de su liderazgo a escala latinoamericana. Pero con el petróleo en descenso, subvencionar al régimen de Cuba y fortalecer a otro aliado de estética revolucionaria, el nicaragüense Daniel Ortega, es un sobrepeso que ha empezado a agobiar las finanzas de Pdvsa.

Esa inmensa capacidad de liderazgo era la espada Excálibur que dotaba a Chávez de una autoridad incuestionable.

Casi la mitad del país disentía, pero tanto en Venezuela como en el exterior, el vigor de su jefatura no estaba en duda. Dentro y fuera de la patria chica de Bolívar, el chavismo tenía un líder, no sucedió igual con el ungido

Lo que sí tuvo Nicolás Maduro es firmeza para atrincherarse cuando estallaron las protestas estudiantiles que pronto devinieron en convulsión social por el estado calamitoso de la economía y los estragos que está provocando en el abastecimiento de la población.

Los mandatarios latinoamericanos que tampoco dijeron ni “mu” cuando le quitaron su banca de diputada a Corina Machado ¿permanecerán callados si el gobierno la encarcela por acusarla nada menos que de “planificar el asesinato del presidente de Venezuela”?

Tanto Machado como Leopoldo López estaban en un ala dura de la oposición. El moderado fue y es Enrique Capriles, pero también a él se lo acusa de tramar conspiraciones desestabilizadoras y de ser marioneta de la CIA.

Leopoldo López es, sin dudas, un dirigente de posiciones radicalizadas. Pero que esté encarcelado por, entre otras cosas, “homicidio y terrorismo”, parece desproporcionado. Por lo tanto, merecería de Unasur (y su Secretario especialista en procesos como el 8.000 ) y las entidades de Derechos Humanos de la región al menos exijan al tribunal militar que lo mantiene en un penal castrense, mostrar las pruebas que dicen tener.

De todos modos, sus errores y negligencias no justifican una persecución como para condenarla a 16 años de cárcel. Sencillamente, la idea de asesinar a Maduro es demasiado criminal y demasiado estúpida. Criminal, por razones obvias. Estúpida, porque eliminando al presidente se libera al chavismo de un incompetente; se regala todo el poder al duro Diosdado Cabello y se le entrega en manos la justificación para una cacería de brujas y un salto al totalitarismo.

María Corina Machado tiene posiciones económicas semejantes a las que representa la Canciller alemana de “capitalismo popular”, basada en pensamientos de Von Hayek y Von Mises simplificadaos en el slogan “un país de propietarios y no de proletarios”.

Pero María Corina nunca defendió la vía de la dictadura para imponer y sostener ese modelo económico. Que por ser neoliberal se permita la persecución política y el acoso judicial, como parece hacerlo el silencio de Unasur de Samper y de la mayoría de las organizaciones latinoamericanas de Derechos Humanos, hoy socios del silencio.

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