Recordando a Alberto…

La corrupción, el estrangulamiento de la Justicia, la devastación de los principios republicanos, el uso del Estado para beneficio de los transitorios detentadores del poder, diversos métodos para desprestigiar la libertad de expresión, hacer creer que se combate la pobreza con la limosna y “la mermelada” sistemática, la degradación de los adversarios y un rosario de otras calamidades han llevado a suponer que estos males son incorregibles. Su demoníaca perseverancia ha generado una resignación peligrosa. De ahí las ondulaciones de los discursos políticos y la incertidumbre que nubla nuestro futuro. En este clima se ha consolidado la convicción de que algunos colombianos son brillantes en talento y valores, mientras en conjunto somos incapaces de resolver problemas y encauzar a nuestro alienado pueblo.

Por eso resulta oportuno recordar a un presidente que no buscó aplausos, “el olivo”, cadenas nacionales, ni obsecuencias, que no faltó el respeto a nadie, que impidió los enriquecimientos ilícitos y dejó como herencia un legado ético monumental. En los graves días que transitamos, donde las Farc quieren que liberen a todos los guerrilleros presos, donde el presidente del “olivo” quiere un “Congresito” desde el cual las Farc legislen conjuntamente con las comisiones Primera de cada Cámara, la civilidad está asustada y observa, como nada parece detener y de hecho no los detiene en la profanación de los pilares que conforman la república porque son pilares capaces de hacerlos terminar en la cárcel.

Al respecto, Alberto Lleras C. dijo: “El primero que debe ser controlado es el Estado”. Se refería a un Estado como existía en aquel momento; es decir que aún no había sido ocupado en su totalidad por los gobernantes de turno para su beneficio. Era un Estado separado del Gobierno, al que el Gobierno utiliza para beneficio de la nación, no de sus organizaciones políticas, de los funcionarios adictos y de sus testaferros. No obstante, aun así, debía ser controlado.

Añadió, días después, esto: “El Estado no tiene por qué hacerlo todo. El Gobierno no debe controlar el país. Debe, sí, ejercer cierto control para evitar una organización no funcional de la economía, y debe, también, ejercer cierto control sobre el futuro, sobre el planeamiento”. “Hay que desconfiar de una democracia donde el presidente de la nación es el personaje más importante del país. Hay que desconfiar de una democracia donde el presidente dice lo que se le antoja. O donde el presidente afirma todos los días que va a conseguir la felicidad del pueblo, que va a resolver, él solo, todos los problemas de los colombianos. La democracia no se compadece con el que pide confianza en él, en su capacidad o en la supuesta ayuda que recibirá para solucionar personalmente los problemas de la República”. El tener solo una idea en la mente, obstinarse en ella, pues la no consecución de esa meta equivaldría al fracaso, es una perturbación mental.

Resuena con fuerza esa frase de Lleras Camargo: “Hay que desconfiar de una democracia donde el presidente de la nación es el personaje más importante del país. Hay que desconfiar de una democracia donde el presidente dice lo que se le antoja”.

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