Mi billete de cien mil

6 Abr 2016 - 5:01am

Mi billete de cien mil

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SINFOROSO
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Todos andan conmocionados con la salida del billete que refuerza la imagen del futuro candidato presidencial, el señor Vargas Lleras, quien además ya tiene un Ministerio para repartir mermelada con el efectivo de nueva denominación.

Mi compadre Pacho Centeno me escribió, contándome su experiencia numismática:

“Compadre Sinforoso, ya tengo mi primer billete de 100 mil, el cual colocaré al lado de la monedita de la Santa Madre Laura que compré cuando la canonizaron.

“Desde el lado derecho del billete, el expresidente Carlos Lleras Restrepo me mira con su cara de banquero adinerado (y lo fue del hoy Banco Sudameris), como queriendo decirme que hago parte de la élite de este país de pocos ricos y muchos pobres”.

A Carlos Lleras Restrepo se le recuerda por haber implementado la “devaluación gota a gota” de la moneda nacional en 1967 (no confundir con el “gota a gota” que pagan los vendedores ambulantes de la carrera tercera), lo que explica por qué se le rinde homenaje con el billete, como prueba de lo devaluado que está el peso colombiano. También es el abuelo del Vicepresidente y futuro candidato a la Presidencia, Germán Vargas Lleras, lo que también explica por qué se le rinde homenaje en el billete.

Nada más conveniente para un futuro candidato a la Presidencia, que el hecho de que su abuelo esté en el bolsillo de los colombianos, aunque sea de una élite. Es como tener un volante que nadie quiere botar a la basura. Ya me imagino a Vargas Lleras en la campaña diciendo: “mi abuelo está en sus bolsillos”, queriendo echarse al bolsillo al incauto pueblo.

Primer problema del billete: el costo de las campañas políticas se disparará al doble, porque los pobres (no todos), clase social que ha sostenido a las élites en el poder, querrán a cambio del voto, su billete verde de 100 mil, lo que los hará sentirse parte de la élite; aunque sea por un día.

Otro problema: intentar pagar algo simple con un billete de 100 mil; por ejemplo, una avena con buñuelo en la plaza de La 14, por $3.500, o una carrera de taxi de $4.000. -No tengo vueltos, dirá el taxista. -Entonces deme 10 vueltas a la ciudad hasta que le alcance, dirá el pasajero. -No es posible, estamos en un trancón, dirá el taxista. – Pues coja por la Guabinal. –No ve que no sabemos si hay pico y placa después de la 25, con tantos anuncios contradictorios en la Alcaldía, estamos más despistados que Pink, la colaboradora más eficiente del alcalde. - Maldito Vargas Lleras, dirá el pasajero. –Pero el alcalde es Jaramillo, dirá el taxista. Y el pasajero replicará decepcionado: - Créame, es la misma cosa.

Y en La 14 será peor, porque ante el inevitable “¿no tiene más sencillo?” de la vendedora, tendremos que adicionar dos pan de yucas, tres empanadas y cuatro masatos más para no atragantarnos.

No es fácil hacer parte de la élite de este país, por eso la mirada del expresidente Lleras Restrepo se parece también a la mirada de los socios del Club de Ejecutivos cuando uno entra a ese lugar por un asunto casual, como queriendo decirnos:

“¿Y usted qué hace aquí?, este es el Club de Ejecutivos, el Paseo Comercial de La Tercera es cruzando el Parque Murillo, líchigo igualado.

Solo espero que desde su monedita, la Santa Madre Laura se apiade de este país de Santos y de mi billete de 100 mil, para que no se lo lleve la devaluación ni el man del “gota a gota” de la carrera tercera”.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.