Aporofobia

Esta semana ha circulado por redes sociales un video donde una señora “de bien” insulta y humilla a una pareja de venezolanos. La mujer hace énfasis en que vive en “zona residencial estrato 5” –es decir, donde vive la gente “de bien”-; los agrede con nuestro tradicional madrazo; y no satisfecha con esto, utiliza calificativos despectivos como “veneco invasor”.
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Hechos como estos, día a día están en aumento en Colombia. Algunos lo definen como xenofobia, que llanamente significa odio a los extranjeros. Sin embargo, yo prefiero llamarlo aporofobia, que significa: odio a los pobres. Puesto que estas situaciones ocurren siempre y cuando la persona receptora de los insultos, sea pobre. Es decir, una persona adinerada será siempre bien recibida, no importa su color de piel o nacionalidad. No se concibe a esta señora recordándole su querida madre al héroe nacional Juan Guaidó por haber utilizado descaradamente el avión presidencial de Colombia.

En ese caso, nada de invasor, Guaidó puede reunirse con sus fuerzas militares –los rastrojos-, utilizar bienes oficiales colombianos y seguirá siendo el héroe traedor de esperanza latinoamericana.

La aporofobia como comportamiento arribista -propio de quienes sí deberían ser receptores de nuestro querido madrazo- parte de la idea errónea y falsa de superioridad. Mismos sentimientos que auparon partidos de derechas como el nazismo, el falangismo y el fascismo. Y que siguen motivando la creación de grupos racistas como los supremacistas blancos en Estados Unidos, VOX en España, la ultraderecha de Salvini en Italia, por mencionar algunos ejemplos.

Lo que hizo esta señora, es un claro ejemplo del sentir que tiene un puñado de colombianos mezquinos e incapaces de reconocer que la responsabilidad del desastre de Estado que tenemos, es de ellos, que han votado y elegido a la misma clase política y corrupta. Y hoy pretenden culpar a los migrantes desfavorecidos de los problemas históricos del país. Así no es. Ni el desempleo, ni la inseguridad, ni la violencia ha sido culpa de ellos.

Encontrar en el enemigo externo la responsabilidad de todos nuestros males, es por lo menos, un calmante placebo fácil de digerir para aquellos mentecatos con ínfulas de linaje real. Tan incapaces de entender que el desbarajuste de nuestro país obedece a las decisiones mal tomadas por quienes han sido elegidos por ellos.

Desafortunadamente, ese sentimiento patriotero ha sido azuzado desde siempre por ciertos sectores de la sociedad que tienen ese gustico de sentirse la última cocacola del desierto. Tanto así, que se han atrevido a proponer divisiones territoriales para separar los pueblos indígenas de la “gente blanca”. Siguen pensando que Colombia es un gran Ubérrimo.

Entender la dignidad más allá de un concepto abstracto y adoptarla como principio político y de vida, es comprender que cada persona, sin importar su pasaporte, patrimonio, color de piel, género, orientación sexual y religión, es sujeto de derechos. Y, por lo tanto, cualquier comportamiento que denigre o disminuya a un ser humano debe ser absolutamente rechazado en un país que se reconoce como democrático. 

La protagonista del video, seguramente el próximo domingo, como la mayoría de la “gente de bien” asistirá a la misa, y allí hará oídos sordos de las enseñas bíblicas, porque eso de “amaos unos a otros” solo aplica si los unos y los otros somos de estrato 5.

DANIEL FELIPE SOTO MEJÍA

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